Ronald Acuña Jr. volvió a salir del box cojeando. En un rodado rutinario, el jardinero de los Atlanta Braves corrió a primera base con una cojera visible que de inmediato disparó alarmas en el dugout y en las redes. No es un susto nuevo: Acuña ya había perdido 13 juegos en mayo de 2026 por una distensión del isquiotibial, y la imagen de verlo cojear otra vez sobre el mismo músculo es exactamente el escenario que la organización temía.
Una distensión del isquiotibial no desaparece con reposo. Puede volver, y cuando vuelve lo hace en el peor momento posible: una jugada que debería ser irrelevante, un sprint corto hacia primera, sin ningún contacto. Eso es lo que convierte la imagen de Acuña cojeando en algo más que una nota de lesión de rutina. La temporada 2026 ya le había cobrado 13 juegos a Ronald Acuña Jr. antes de llegar a junio — y ahora el contador podría reiniciarse.
Ronald Acuña Jr. sale lesionado
El isquiotibial es uno de los músculos más caprichosos en el béisbol: aguanta la explosión del swing, el arranque de robo, el sprint al primer cuadrado. Cada vez que un jardinero de velocidad como Acuña regresa antes de que el tejido esté completamente recuperado, el riesgo de recaída sube. Los números de Acuña en la liga hablan de un jugador que cuando está sano es el más valioso del lineup; el problema es que ‘cuando está sano’ se está convirtiendo en una condición cada vez más difícil de cumplir.
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Atlanta construyó buena parte de sus expectativas de 2026 alrededor de un Ronald Acuña Jr. de regreso completo tras los problemas físicos de temporadas recientes. Perderlo otra vez — aunque sea por días — cambia el balance ofensivo del equipo y pone presión sobre el resto de un lineup que ya opera sin margen.
La pregunta que los Bravos van a tener que responder pronto es si Ronald Acuña Jr. necesita más tiempo del que le están dando entre episodios. Trece juegos en mayo no son suficientes para un músculo que ya había dado señales de debilidad, y la cojera de hoy es la respuesta más incómoda a esa pregunta. El plan de carga, el rol de corredor en situaciones de juego cerrado, y la decisión de activarlo antes de que el cuerpo lo pida son conversaciones que la organización ya no puede posponer.
