Episodios Olímpicos III. Gretel Bergmann, excluida de los Juegos Olímpicos de 1936 por el totalitarismo.

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Episodios Olímpicos III. Gretel Bergmann

Episodios Olímpicos. Los Juegos Olímpicos debieron efectuarse en 2020 en Tokyo, pero la pandemia del Covid-19 obligó a posponerlos. Se espera que a partir del 23 de julio de este 2021 se pueda efectuar la magna justa deportiva. Como preámbulo a esta cita, presentamos una serie de artículos que recrean las gestas, hazañas y anécdotas de varios atletas que han competido en  el escenario Olímpico.

La programación del cable mostraba la opción de esta película alemana. En principio la asocié con el tema de la guerra. Las primeras escenas muestran una familia de ascendencia judía, muy contentos porque su hija regresaría de Inglaterra para competir por su país. En apariencia el gobierno nazi quería demostrar que los atletas judíos de ambos géneros tenían iguales oportunidades de competir por Alemania en los Juegos Olímpicos. Gretel Bergmann era una saltadora de altura que había logrado ubicarse entre las mejores del Reino Unido. Al notar el drama de los excluidos en los regímenes totalitarios, decidí abandonar el zapping y me sumergí en aquel submundo de la Alemania pre-segunda guerra mundial. El rostro de Gretel mostraba una lejanía, una tristeza que sólo amortiguaba el estar cerca de sus familiares.

Margarethe Bergmann nació el 4 de diciembre de 1914 en Laupheim, un pequeño pueblo de los altos de Swabia cerca de  Wurttenberg, donde los familiares de sus padres habían vivido desde 1870 en las mejores condiciones. El judaísmo no tenía lugar en la vida de esta familia con inclinaciones nacionalistas.

Desde niña Gretel Bergmann siempre fue muy entusiasta por los deportes. Practicó varias disciplinas como atletismo de pista, natación, tennis y esquí. En cualquiera de sus ratos libres se le podía hallar con seguridad en club de la sociedad deportiva de su pueblo. Desde los diez años compitió con éxito en varias competencias atléticas.

Gretel atendió a la escuela secundaria moderna del pueblo, donde se adaptó bien. Se comportaba como un muchacho y jugaba balonmano y futbol con sus amigos. Luego de cambiarse a una secundaria en Ulm se inscribió en la asociación de futbol, la cual también tenía un buen departamento de atletismo. Al final fue capaz de participar en los entrenamientos profesionales y sistemáticos lo cual influyó para que sus logros mejoraran constantemente, el salto alto emergió como su especialidad. En 1933 su salto de 1.51 m. la ubicó entre las mejores de Alemania.

Con la llegada de los nazis al poder, la vida de los judíos en Alemania sufrió un cambio rápido y radical. En su deseo por ganar apoyo del nuevo poder, las asociaciones deportivas implementaron las “Leyes Arias” desde abril de 1933, estas excluían a los hombres y mujeres judías de sus organizaciones. Esto provocó que se le diera un estímulo a las organizaciones deportivas judías, el cual los nazis toleraron en principio, en parte debido a que en la ruta hacia los Juegos Olímpicos ellos querían demostrar a la prensa mundial y al Comité Olímpico Internacional que los deportistas judíos gozaban de iguales oportunidades.

En 1933 Gretel Bergmann no solo tuvo que abandonar su deseo de estudiar gimnasia en una universidad de Berlin, también debió renunciar a su membresía en la asociación de futbol de Ulm cuando esta cayó en poder de los arios. Los Bergmann entendieron que no había futuro para los judíos en Alemania. Edwin Bergmann aprovechó un viaje de negocios a Londres para registrar a su hija en el Politécnico de Londres, donde fue aceptada de inmediato en los deportes de equipo. En junio de 1934 ella se convirtió en la campeona británica de salto alto con una ejecución de 1.55 m.

En 1934 Gretel Bergmann tuvo que regresar a Alemania para participar en las pruebas clasificatorias de los Juegos Olímpicos de 1936, si se hubiese negado habría ocasionado dificultades a su familia y a las organizaciones deportivas judías. Los líderes deportivos del Reich estaban interesados en la participación de los campeones judíos en la preparación y las competencias selectivas, querían evitar los cargos de racismo. Bajo la presión internacional, particularmente de Estados Unidos, el Comité Olímpico Internacional había insistido en una garantía para que a los judíos alemanes se les permitiese participar en los Juegos Olímpicos. Por lo tanto, con el propósito de reclutar potenciales participantes, aquellos que vivían en otros países fueron obligados a regresar. Sin embargo, aunque era una potencial participante de los Juegos Olímpicos, a Gretel Bergmann solo le fue permitido entrenar en asociaciones judías. Hacia finales del verano de 1934 ella sólo pudo practicar para los Juegos en las facilidades del Jewish Frontline Soldiers de Stuttgart. A la vez completó un curso de entrenamiento de dos años para profesores de gimnasia en la Kiedaisch Sports School,  una de las pocas que todavía aceptaban judíos que fuesen hijos de los veteranos de la primera guerra mundial.

La desesperación de Gretel empezó a mostrarse en la película. El cerco empezó a cerrarse cuando cambiaron el entrenador y le hicieron ver que los judíos tenían poco que mostrar en aquellas pruebas clasificatorias. La película empezó a mostrar imágenes oscuras cuando el nuevo entrenador le hizo ver que no tenía oportunidad de figurar ante las atletas arias. Le trajeron una saltadora de alto que recibía todas las facilidades.

Gretel Bermann fue la única judía a quien le permitieron asistir a un campamento de entrenamientos en el otoño de 1934 y la primavera de 1936. Solo tuvo buenas relaciones con su colega de salto alto, Elfriede Kaun. El resto de las participantes resultó de una conducta ofensiva.

En 1935 Gretel Bergmann  fue invitada a un curso de evaluación de las atletas judías, allí se concluyó que como resultado de las malas condiciones en que ellas habían entrenado, sus marcas estaban muy por debajo del tope de las alemanas. Allí fue donde Gretel conoció al atleta de salto alto Bruno Lambert, con quien se desposaría después.

Gretel Bergmann fue la única entre las atletas judías quien continuamente mejoró su actuación. En el campeonato de Wurttenberg de 1936 alcanzó la marca de 1,60 m. en el salto alto, con lo cual igualó el record aleman de Elfriede Kaun. Debido a que esto suponía que había ganado su presencia en los Juegos Olímpicos, ella se sorprendió al enterarse el 16 de julio que su marca no calificaba para nominarla al equipo aleman. Solo dos atletas fueron nominadas para el salto alto femenino, Kaun y Dora Ratjen. Los nacional-socialistas prefirieron dejar ir la oportunidad de ganar una medalla por no aceptar una judía en su equipo.

El dolor y la tristeza invadieron la pantalla, podía sentir la impotencia y la molestia de aquella saltadora de alto que había demostrado su gran nivel en los entrenamientos y sin embargo era relegada a la nada.

Debido a que la delegación norteamericana ya estaba en camino a los Juegos para el tiempo de la exclusión de Bergmann, no se esperaba protesta de su parte. A los atletas alemanes se les dijo que ella no participaría debido a una lesión. Al final, solo fueron incluidos “semi-judíos” en la delegación alemana: Rudi Ball, uno de los jugadores de hockey sobre hielo más populares de Alemania, y Helene Mayer, una esgrimista de Offenbach, quién enseñaba en una universidad norteamericana para el momento.

La víspera de la inauguración de los Juegos Olímpicos Gretel Bergmann conoció un periodista norteamericano y le adelantó detalles de su caso, quedaron en entrevistarse en un hotel al día siguiente. Gretel esperó por el periodista varias horas en el hotel. Luego supo que había sufrido un accidente.

Sin esperanza de futuro en Alemania, Gretel Bergmann decidió emigrar a Estados Unidos. Poco antes de su partida se encontró con su amigo atleta Bruno Lambert, y se enamoraron. En mayo de 1937 Gretel salió de Alemania, determinada “a nunca más pisar suelo alemán”.

En Estados Unidos, Gretel Bergmann  consiguió varios empleos y entusiasmó a Lambert, quien mientras tanto estudió medicina, a emigrar. Se casaron en 1938. Aunque encontró empleo como médico asistente, fue obligado a trabajar con un salario muy bajo. Gretel Bergmann trabajó como su asistente.

Gretel Bergmann permaneció activa en el deporte hasta el comienzo de la segunda guerra mundial. En 1937 ganó el campeonato de Estados Unidos de salto alto  y lanzamiento de bala y en 1938 ganó de nuevo el campeonato de salto alto. Después de la guerra Bruno estableció su consultorio propio de medicina interna en Nueva York, al tiempo que Gretel se ocupaba de sus hijos, nacidos en 1947 y 1951. Durante sus ratos libres sus actividades favoritas eran el golf y el bowling.

Por muchos años pareció que Bergman y su destino habían sido olvidados. Sólo con su entrada al Salón de la Fama Judío del Wingate Institute en Israel en 1980 se revivió el interés en ella. En Alemania la premiaron con la Placa Honoraria de la Asociación de Pista y Campo y una membresía honoraria en el Laupheim Gymnastics and Sport Club.

En 1995 fue inducida al Salón de la Fama Judío en Nueva York y el mismo año un estadio de Berlin fue bautizado con su nombre. Siguieron otros honores.

En 1999 Bergmann rompió su juramento de nunca visitar Alemania. Adam Opel AG Deutschland le rindió tributo con el premio Georg von Opel, el cual es entregado  a personas que se han distinguido en los deportes y en sus principios. Al mismo tiempo, ella visitó su pueblo natal, el cual renombró su estadio municipal en su honor. Gretel Bergmann por lo tanto tuvo éxito en “ponerle fin a su larga batalla con la rabia”.

Alfonso L. Tusa C.

Fuente: Gretel Bergmann. Gertrude Pfister

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