Después de su victoria sobre Gennady Golovkin en septiembre de 2022, Saúl «Canelo» Álvarez volvió a pronunciarse sobre la posibilidad de enfrentar a David Benavidez, pero esta vez con una contundencia que no dejaba espacio para negociaciones. En la conferencia de prensa posterior al combate, el campeón mexicano fue claro: no ve razón alguna para aceptar un enfrentamiento con el «Bandera Roja».
El argumento de Canelo: carrera y trayectoria
El punto central de la postura de Canelo giró alrededor de lo que considera un desequilibrio en las trayectorias. Álvarez cuestionó directamente los logros de Benavidez, argumentando que su rival no ha construido un expediente lo suficientemente sólido para justificar un enfrentamiento de esa magnitud.
«Veo a su papá diciendo un montón de cosas y mira lo que ha logrado, nada. Él solamente ha vencido a un solo campeón, Anthony Dirrell. Por favor, no me falten al respeto, chicos. No me falten al respeto cuando hablen de mí. Me he enfrentado a los mejores que hay, nunca he esquivado a nadie», expresó Canelo en tono firme.
La referencia al padre de Benavidez —quien es también su promotor y ha sido vocal en los medios— sugiere que el conflicto trasciende lo puramente deportivo. La gestión mediática del equipo de «Bandera Roja» había generado tensión, y Canelo aprovechó la plataforma de la conferencia para establecer límites claros.
La cuestión del orgullo nacional y las peleas entre mexicanos
Otro aspecto relevante de su declaración fue la explicación sobre por qué históricamente ha evitado enfrentarse a rivales mexicanos. Canelo fue categórico al vincular esta decisión con su responsabilidad como representante de México en el boxeo mundial.
«Cuando digo que no quiero pelear contra mexicanos es porque represento a México. Es por eso. Pero no me importa, lucho contra cualquiera y he luchado toda mi vida contra alguien», señaló el campeón.
Esta posición refleja una tensión clásica en el boxeo profesional: el equilibrio entre la ambición de enfrentar a todos los rivales potentes y la consideración de proteger la imagen nacional. Para Canelo, la jerarquía está clara: su carrera se ha construido sobre enfrentar a los mejores del mundo, no sobre definiciones internas.
El contexto: un enfrentamiento que nunca fue
La polémica entre Canelo y Benavidez llevaba años gestándose. Mientras Álvarez consolidaba su posición como uno de los mejores libra por libra del planeta, Benavidez buscaba posicionarse como el siguiente retador mexicano relevante. Sin embargo, sus caminos nunca se cruzaron de manera oficial, a pesar de las especulaciones recurrentes en la prensa especializada.
Lo que quedó claro en esa conferencia de prensa es que, al menos desde la perspectiva de Canelo, el enfrentamiento no representaba un desafío deportivo significativo ni una oportunidad comercial atractiva. Para el campeón, su legado estaba construido sobre rivales de otra categoría: Golovkin, Jermall Charlo, Caleb Plant y otros nombres que ocupaban posiciones más altas en el ranking mundial.
Reflexión: cuando el boxeo es también política
El episodio ilustra cómo en el boxeo profesional moderno, las decisiones sobre enfrentamientos rara vez son puramente deportivas. Intervienen variables comerciales, políticas de promoción, estrategia de carrera y, en este caso, tensiones personales amplificadas por los medios.
Canelo, en su rol de máxima figura del boxeo mexicano, también juega un papel de guardián de su propia jerarquía. Aceptar a Benavidez habría significado, en cierto sentido, validar su estatus como rival de primer nivel. Al rechazarlo públicamente, Canelo reforzaba su posición y, simultáneamente, cuestionaba la legitimidad de las pretensiones de Benavidez.


