David Robertson, a sus 40 años en 2025, se ha convertido en una figura legendaria en el béisbol, especialmente para aquellos que aprecian la resiliencia y la habilidad de un veterano.
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Tras superar una cirugía de Tommy John que lo limitó a solo 19 juegos entre 2019 y 2021, Robertson ha demostrado ser una máquina de lanzar, apareciendo en 188 juegos en las últimas tres temporadas para cinco equipos diferentes.
Su historia es la de un renacimiento deportivo en su etapa más madura.
El año pasado, con los Texas Rangers, Robertson fue una pieza clave, lanzando en 68 juegos y sirviendo como el hombre de confianza para preparar entradas para Kirby Yates.
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Su efectividad de 3.00, FIP de 2.65 y WAR de 1.9 son testimonios de su capacidad de aún mantenerse en la élite, incluso a su edad.
No obstante, con la edad viene la incertidumbre; cada vez que se sube al montículo podría ser la vez que su brazo diga basta.
Sin embargo, Robertson ha mostrado una versatilidad que pocos poseen, pudiendo cerrar juegos pero sin la necesidad de hacerlo, lo que lo distingue de otros cerradores como Craig Kimbrel o Kenley Jansen.
Con la salida de Yates y José Leclerc en la agencia libre, los Rangers están en una posición vulnerable.
Han añadido a Chris Martin, pero a sus 38 años, la necesidad de más brazos en el bullpen es evidente, especialmente considerando las dudas sobre la durabilidad de su rotación de abridores.
La importancia de Robertson para los Rangers radica no solo en su rendimiento en el campo, sino también en su liderazgo y experiencia.
En un deporte donde la juventud y el poderío físico suelen ser celebrados, él es un recordatorio de que la sabiduría y la estrategia tienen su propio valor.
A medida que la temporada 2025 se asoma en el horizonte, la decisión de los Rangers de retener a Robertson podría definir no solo su bullpen, sino también la dirección del equipo hacia la competitividad.
En un mercado cada vez más escaso de relevistas de calidad, Robertson es más que un simple lanzador; es una inversión en estabilidad y éxito.

