La recta de cuatro costuras en MLB promedió 94.7 mph hasta mediados de julio de 2026, y la temporada va camino de ser la más rápida en la historia del béisbol por sexto año consecutivo, según datos de Statcast. No es percepción ni nostalgia: cuando la MLB comenzó a rastrear velocidades en 2008, el promedio era 91.9 mph. En menos de dos décadas, los pitchers añadieron casi tres millas por hora al promedio de la liga —una transformación que cambió no solo los marcadores, sino la forma en que se recluta, entrena y evalúa a los lanzadores desde las categorías inferiores.
El hombre que redefinió lo que significa tirar duro
Si hay un nombre que resume la temporada 2026, es Jacob Misiorowski. El abridor de los Brewers de Milwaukee, de 24 años, promedia 100.5 mph en su recta de cuatro costuras —arriba de los 99.3 mph de su temporada de novato en 2025— y acumula, según reportes en curso, cientos de pitches a 100 mph o más que lo ubican como el récord absoluto para un abridor en la era de rastreo de pitches. En algún punto de la temporada alcanzó 105.5 mph y admitió que se resbaló en ese lanzamiento. El récord histórico de todos los tiempos sigue siendo de Aroldis Chapman, quien lanzó 105.8 mph el 24 de septiembre de 2010.
Misiorowski no está solo. Seis lanzadores promedian 100 mph o más en lo que va del año: Mason Miller de los Padres de San Diego encabeza la lista con 101.3 mph, seguido de Edgardo Henríquez de los Dodgers con 100.6 mph. Para dimensionar el cambio: en 2015, solo cinco lanzadores en toda la temporada completa lanzaron al menos cinco rectas a 100 mph o más. En el primer semestre de 2026, ya son 14 abridores los que han alcanzado esa marca —y el total de pitches a 100+ mph por abridores ya llegó a 1,018, cuando el récord para una temporada entera era de 726 (2025). Rafael Devers y su temporada con los Giants
El contexto histórico es brutal: cuando Mike Trout debutó en 2012, la recta promedio de un abridor era 91.8 mph. Hoy, en 2026, ese promedio es 94.6 mph para abridores y 95.6 mph para relevistas derechos. El béisbol que vio crecer a la generación actual de fanáticos ya no existe.
Cómo se entrena para lanzar más rápido —y qué se paga por hacerlo
Detrás de los números hay un sistema. El velocity-based training —entrenar con un umbral mínimo de velocidad en cada movimiento, incluyendo ejercicios de fuerza— se ha vuelto estándar en los mejores centros de desarrollo del béisbol. Tyler Phillips, abridor de los Marlins, pasó el offseason en Cressey Sports Performance haciendo peso muerto con ese método y ganó 1.2 mph en su sinker, que llegó a 96.6 mph en 2026. No es un caso aislado: la priorización del ‘stuff’ —calidad y potencia del repertorio— es hoy el criterio de selección en el desarrollo de prospectos desde la preparatoria.
Pero la otra cara del fenómeno es la salud. Aproximadamente uno de cada tres pitchers de MLB ha pasado por la cirugía Tommy John para reconstruir el ligamento colateral cubital. Las UCL surgeries en la liga han aumentado significativamente en las últimas décadas —diversas fuentes documentan que los números prácticamente se han duplicado desde principios de los 2010— y los días en la lista de lesionados para pitchers casi se duplicaron entre 2005 y la actualidad. El debate sobre si la velocidad causa directamente las lesiones sigue abierto —la investigación más reciente apunta a que la fatiga y la gestión de la carga de trabajo son los factores primarios, no la velocidad por sí sola— pero la coincidencia entre el boom de velocidad y el boom de lesiones no pasa desapercibida para nadie en el béisbol.
Para los bateadores, las consecuencias son inmediatas y medibles. El promedio de bateo en las Grandes Ligas es de .244 en 2026, y el tiempo disponible para decidir si swingear se redujo de 0.05 a apenas 0.03 segundos, según estimaciones de jugadores activos. Dos centésimas de segundo que separan el béisbol de hace diez años del béisbol de hoy.


