El récord de victorias consecutivas en la historia de las Grandes Ligas pertenece a los New York Giants de 1916: 26 triunfos seguidos entre el 7 y el 30 de septiembre de ese año. Más de 110 años después, ningún equipo lo ha igualado. Sin embargo, este logro lleva consigo una controversia que ha alimentado debates entre historiadores, estadísticos y aficionados: en medio de esa racha, los Giants empataron contra los Pittsburgh Pirates, un resultado que técnicamente interrumpió la secuencia, pero que la MLB decidió no contar como tal.
En julio de 2026, cuando los Boston Red Sox encadenaron 14 victorias seguidas —la mejor marca de la franquicia desde 1948—, la pregunta volvió a resonar en los foros del béisbol: ¿es el récord de 1916 realmente válido? La respuesta depende de cómo interpretes las reglas de hace más de un siglo y de qué autoridad consideres definitiva.
El empate que no fue: cómo los Giants ganaron sin ganar
El 18 de septiembre de 1916, en el medio de su racha histórica, los Giants enfrentaron a los Pirates en un partido que terminó 1-1 y fue suspendido por lluvia y oscuridad. En esa época, los estadios no contaban con iluminación artificial, por lo que los juegos se interrumpían al atardecer. Según las regulaciones de entonces, los empates nunca se consideraban resultados definitivos; siempre debían repetirse. Al día siguiente, como parte de un doble juego, Giants y Pirates volvieron a enfrentarse, y Nueva York ganó.
Para el Elias Sports Bureau, la entidad estadística oficial de la MLB, ese empate simplemente no interrumpió la racha. El argumento es técnicamente sólido bajo las normas vigentes en 1916: si el empate debía repetirse y fue repetido con victoria para los Giants, entonces la secuencia nunca se rompió. Es como si el primer partido nunca hubiera terminado.
John Thorn, historiador oficial de la MLB, ha sido categórico al respecto: la controversia es “totalmente fabricada”. Según su interpretación, aplicar retroactivamente los estándares modernos a una época con reglas diferentes es un error historiográfico. El récord se sostiene bajo su contexto original, y punto.
Lo que hace el logro aún más singular es que los Giants terminaron esa temporada 1916 en cuarto lugar de la Liga Nacional con un récord general de 86-66. Es decir, ganaron 26 juegos seguidos pero no ganaron el campeonato ni siquiera su división. Una rareza que subraya cómo el béisbol puede producir hazañas individuales sin correlato en el éxito colectivo.
El top 5 histórico de rachas ganadoras: de Cleveland a Oakland
Si bien los Giants de 1916 conservan el récord absoluto, otras rachas históricas merecen reconocimiento por su legitimidad indiscutible:
1. New York Giants (1916): 26 victorias consecutivas — El récord oficial, aunque con la salvedad del empate de por medio.
2. Cleveland Indians (2017): 22 victorias consecutivas — Encadenadas entre el 24 de agosto y el 14 de septiembre de 2017, este récord es limpio e incontrovertible. Representa la racha ganadora más larga de la Liga Americana y fue certificado por Guinness World Records. Muchos aficionados consideran que es el “verdadero” récord moderno, libre de ambigüedades.
3. Chicago Cubs (1935): 21 victorias consecutivas — Una de las rachas más antiguas en el top 5, pertenece a una era donde el béisbol estaba en plena consolidación como pasatiempo nacional estadounidense.
4. Chicago White Stockings (1880): 21 victorias consecutivas — Contemporáneo a los primeros años de la Liga Nacional, este récord es histórico pero ocurrió en una época donde la calidad del juego y la competencia eran significativamente diferentes a la era moderna.
5. Oakland Athletics (2002): 20 victorias consecutivas — Los mismos Athletics inmortalizados por la película Moneyball, que revolucionó la forma de pensar sobre construcción de equipos y análisis estadístico. Su racha de 20 juegos es menos recordada que su hazaña general de ganar 103 juegos con el presupuesto más bajo de la liga.
¿Por qué nadie ha roto el récord en 110 años?
La pregunta es legítima: ¿por qué el béisbol moderno, con mejor nutrición, entrenamiento, medicina deportiva y análisis estratégico, no ha producido una racha más larga que la de hace más de un siglo?
Parte de la respuesta está en la estructura del calendario. En 1916, la temporada tenía 154 juegos. Hoy son 162, pero distribuidos de manera que los equipos juegan casi a diario, lo que aumenta el desgaste acumulativo. Una racha ganadora en el béisbol moderno requiere no solo talento ofensivo y defensivo, sino también la confluencia de lesiones evitadas, decisiones arbitrales favorables y, inevitablemente, suerte.
Además, la competencia es exponencialmente más difícil. Los Giants de 1916 jugaban en una liga con 8 equipos. Hoy hay 30. La calidad promedio de los jugadores es incomparablemente superior, y los rivales tienen recursos, información y capacidad de adaptación que habrían parecido ciencia ficción hace un siglo.
Esto no le quita mérito al récord de Cleveland en 2017 ni a otras rachas modernas. Simplemente subraya que alcanzar 26 victorias consecutivas en cualquier contexto es un evento estadístico extraordinario, casi imposible de reproducir.
El legado de una racha: por qué el béisbol recuerda 1916
El récord de los Giants de 1916 ha trascendido el ámbito puramente estadístico para convertirse en parte de la mitología del béisbol estadounidense. No es el récord más limpio, ni el más reciente, pero es el más duradero. Su permanencia en el libro de récords durante más de once décadas le ha dado un peso narrativo que ninguna otra racha posee.
Cada vez que un equipo se acerca —como hicieron los Indians en 2017 con sus 22 victorias—, la pregunta resurge: ¿romperá alguien el récord de 1916? La respuesta probablemente sea que sí, algún día. Pero cuando suceda, ese equipo no solo habrá ganado 27 juegos seguidos; habrá reescrito una página de la historia que ha permanecido sin cambios desde la Primera Guerra Mundial.


