En el otoño de 2022, mientras los Phillies de Filadelfia reorganizaban su alineación defensiva tras liberar a Didi Gregorius, sus ojos se posaron en uno de los nombres más valiosos de la agencia libre: Xander Bogaerts. El campocorto de los Medias Rojas de Boston se convirtió en el objetivo prioritario de la franquicia de Pensilvania, según reportes de Peter Abraham del Boston Globe, que señalaba que los Filis serían “ansiosos pretendientes” si Bogaerts rechazaba su opción de jugador.
La oferta rechazada: cuando $90 millones no son suficientes
Lo que hacía esta situación particularmente intrigante era el contexto contractual. Los Medias Rojas habían ofrecido a Bogaerts una extensión durante el entrenamiento de primavera de 2022: cuatro años y $90 millones para mantenerlo en el equipo. Una cifra que, en contexto histórico, debería haber sido atractiva.
Pero Bogaerts la rechazó. Y no de forma silenciosa: un amigo cercano al campocorto calificó la propuesta como una “bofetada”, según Jon Heyman del New York Post. La razón era clara: el mercado de campocortos había experimentado una explosión salarial. Carlos Correa había firmado con los Mellizos de Minnesota a $35.1 millones anuales, Francisco Lindor con los Mets a $34.1 millones anuales, y Corey Seager con los Rangers a $33 millones anuales. Con esos referentes, Bogaerts no estaba dispuesto a aceptar menos.
La opción de jugador que Bogaerts podía rechazar era de $20 millones para 2023. Si la aceptaba, permanecería con Boston hasta 2026 bajo ese mismo salario anual. Pero sus miras apuntaban más alto.
Por qué los Phillies tenían ventaja en la carrera
El interés de Filadelfia en Bogaerts no era casual. Detrás estaba Dave Dombrowski, presidente de operaciones de béisbol de los Phillies, quien había ocupado el mismo cargo con los Medias Rojas de 2015 a 2019. Conocía a Bogaerts íntimamente, sabía de su consistencia y su mentalidad ganadora. Esa conexión les daba a los Filis una ventaja psicológica en la negociación.
Los Phillies, además, enfrentaban una necesidad urgente. Habían confiado en el novato Bryson Stott como campocorto durante 2022, pero el equipo luchaba por asegurar su lugar en los playoffs. Un jugador de la calibre de Bogaerts no solo mejoraría la defensa, sino que enviaría un mensaje de ambición al resto de la alineación.
El currículum de un All-Star veterano
Bogaerts llegaba a la agencia libre con un historial impresionante. Debutó con Boston en 2013 y había acumulado cuatro selecciones All-Star, cuatro premios Silver Slugger y dos títulos de Serie Mundial. Su mejor temporada llegó en 2019: bateó .309/.384/.555 con 33 jonrones y 117 carreras impulsadas en 155 juegos, terminando quinto en la votación de MVP de la Liga Americana.
Aunque 2022 había sido más modesta para Boston —el equipo tuvo un desempeño decepcionante— Bogaerts mantuvo su nivel. En 131 juegos bateó .318/.384/.473 con 13 jonrones, 65 carreras impulsadas y ocho bases robadas. A los 34 años, seguía siendo un jugador de elite defensivo y ofensivo, exactamente lo que los Phillies necesitaban.
Las implicaciones para Boston
Si Bogaerts finalmente abandonaba Boston —ya fuera hacia los Phillies u otro equipo— los Medias Rojas tenían un plan B. Trevor Story, quien había firmado un contrato de seis años y $140 millones en marzo de 2022, podría regresar al campocorto. Story había pasado la mayor parte de la temporada en segunda base, pero su versatilidad lo hacía disponible para la transición defensiva.
Lo que se jugaba en esta negociación iba más allá de números: era sobre el valor del mercado, la lealtad corporativa y la ambición de un veterano que creía merecer más. Los Phillies, con Dombrowski al frente, entendían esa dinámica perfectamente.


