En este 2021, con la Serie Mundial tocando a las puertas en el contexto beisbolero de la MLB; muchas historias de épocas pasadas cobran vida con todo el peso que su legado impone, ninguna como la ocurrida a comienzos de este siglo, en 2004 específicamente y en la cual se involucran Yankees de Nueva York y Medias Rojas de Boston.
Todo podría comenzar así, la maldición se remontaba a 1918, la última vez que los Medias Rojas de Boston ganaron una Serie Mundial y luego de varias oportunidades perdidas, nadie pensaba que en ese 2004 las cosas fueran a marchar diferentes para los de Fenway Park.
Ya en 2003 habían perdido una buena opción de pasar al Clásico de Otoño, después de perder la Serie de Campeonato ante los Yankees de Nueva York con aquel mítico batazo de Aaron Boone para decidir.
En ese 2004, muchos especialistas lo daban como favoritos, pues tenían un mejor equipo, reforzado con la llegada de un hombre como Curt Schilling y el impacto desbordante de David Ortiz; pero así y todo siempre el halo de la maldición dictaba sentencia.
El comienzo de las hostilidades no pudo avizorar un panorama peor, pues en un duelo de bateo, los Bombarderos del Bronx vapulearon 10-7, con el estelar Curt Schilling en el box, pagando los platos rotos.
Luego de una cerrada victoria en el segundo partido, los neoyorkinos le propinaron senda paliza de 19-6 a los Medias Rojas en los predios del Fenway Park; entonces todo parecía decidido y los Yankees llegaron ganando a la parte final del cuarto juego.
Desde entonces todo cambió y la base robada de Dave Roberts pudo abrir el camino a los de casa; después ya saben, jonronazo de David Ortiz para decidir.
Tras ganar un quinto juego bien disputado, Boston pudo regresar la serie a Nueva York y nadie se creía que había un juego seis.
La historia de la media ensangrentada de Curt Schilling es una de esas leyendas vivientes que perduraran por siempre y el juegazo que lanzó el veterano fue la mejor manera de cerrar la hazaña, pues ya con un séptimo juego, el mazazo psicológico era mucho y todo estaba decidido; los Medias Rojas pasaron a la Serie Mundial.
En la instancia final, los dirigidos por Terry Francona aplastaron a los Cardenales de San Luis, para ganar otra vez un anillo y poner fin a la célebre maldición de El Bambino.

