Los campos de entrenamiento de los Yankees en Tampa tienen un nuevo personaje central. Mientras el equipo se prepara para la temporada 2026, el segunda base Jazz Chisholm Jr. camina por el diamante con una convicción que roza lo magnético. No es para menos: en un año donde su contrato expira y su futuro en el Bronx pende de un hilo, el jugador de 28 años ha decidido apuntar a las estrellas.
Su lista de objetivos para los próximos meses incluye el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Americana, un Bate de Plata, un Guante de Oro y, como guinda, convertirse en el segundo miembro del club 50-50 (jonrones y bases robadas) en la historia de las Grandes Ligas. La confianza de Chisholm no es una pose vacía. Viene respaldada por una combinación de herramientas naturales que, según quien lo ve, pocos en el béisbol pueden igualar.
Jazz Chisholm Jr. se pone metas elevadas con Yankees
El año pasado, a pesar de jugar solo 130 partidos y arrastrar molestias físicas, logró convertirse en el tercer jugador de Yankees en la historia en alcanzar la marca de 30-30, uniéndose a Bobby Bonds y Alfonso Soriano. Ahora, con la mira puesta en los 50, su argumento es simple: tiene el poder, la velocidad y, con la llegada de los árbitros robóticos (ABS), cree que su disciplina en el plato le dará un impulso extra. De hecho, los datos del equipo muestran que es el jugador al que más strikes le han cantado mal en la parte alta de la zona .
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El gran desafío para Chisholm será pulir los detalles. Sus 18 errores la temporada pasada, la mayoría en lanzamientos, le costaron caro al equipo, incluyendo una jugada crítica en la postemporada que dolió en el Bronx. Él mismo lo reconoce: si logra concentrarse y no forzar jugadas imposibles, el Guante de Oro es el objetivo más alcanzable de su lista.
La mezcla es explosiva: un jugador en su año de agencia libre, con el hambre de demostrar que merece un contrato millonario y la osadía de soñar con una hazaña que solo Shohei Ohtani ha conseguido. En Tampa, mientras ajusta su swing para el Yankee Stadium y bromea con desafiar los strikes mal llamados, Chisholm se prepara para escribir el capítulo más importante de su carrera en Yankees.

