Jurickson Profar, el hombre que iba a ser el martillo ofensivo desde la designación, no volverá a pisar un terreno de juego hasta 2027. La pretemporada pintaba con otro color en el norte de Georgia. Los Bravos habían cerrado la herida de un 2025 discreto y miraban al futuro con optimismo. Hasta que el teléfono sonó en la oficina de Alex Anthopoulos. Del otro lado, una notificación de la Major League Baseball que cambió los planes.
Según revelaron fuentes cercanas al caso a diversos medios especializados, Jurickson Profar de 33 años falló por segunda vez un control antidopaje. Al no ser la primera infracción, el código de la liga no deja espacio para la negociación: suspensión automática de 162 juegos. Esto implica decirle adiós no solo a la temporada regular, sino a cualquier sueño de postemporada y a la posibilidad de representar a Curazao en el próximo Clásico Mundial, un torneo que el caribeño tenía marcado en rojo en su calendario.
La doble sanción a Jurickson Profar
El golpe financiero duele casi tanto como el deportivo. Jurickson Profar se despide de un salario de 15 millones de dólares, correspondientes al último año garantizado del contrato que firmó en enero de 2025 . El acuerdo, que en su momento celebraron ambas partes, quedó reducido a escombros. El pelotero ya había sido castigado en marzo del año pasado, justo cuando la temporada levantaba el telón, por el uso de gonadotropina coriónica humana, una sustancia que suele levantar sospechas de enmascaramiento de esteroides.
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Para la directiva de Atlanta, el contratiempo abre un boquete en la alineación. Tras cumplir su primera sanción en julio de 2025, Jurickson Profar había retomado el ritmo con cierta solvencia: 14 jonrones y 43 carreras impulsadas en poco más de medio año, con un promedio de .245 que, sin ser espectacular, aportaba experiencia y poder al medio del lineup. Ahora, el dinero liberado podría redirigirse a la rotación de abridores, diezmada por las lesiones. Con 33 años, el tiempo de reacción se acorta. El béisbol suele perdonar una vez. Dos, casi nunca. Y en Atlanta, mientras tanto, toca pensar en el siguiente hombre.

