El béisbol tiene una crueldad peculiar: a veces un lanzador no pierde su lugar por rendir mal, sino simplemente porque alguien más joven necesita el suyo. Eso es exactamente lo que le ocurrió a José Urquidy. Los Chicago White Sox lo colocaron en asignación —el movimiento conocido como DFA— con el único propósito de liberar un espacio en el roster de 40 jugadores para el prospecto Drew Thorpe. El resultado práctico es brutal: el sinaloense queda fuera de las Grandes Ligas por el resto de la temporada 2026.
Qué significa el DFA y por qué es tan definitivo
Cuando un club designa a un jugador para asignación, le abre un reloj de siete días. En ese plazo, la organización puede canjearlo, ofrecerlo al waivers o enviarlo a las menores si el pelotero acepta. Si ningún otro equipo lo reclama en waivers, la negociación es entre el jugador y el club: ir a Triple-A o quedar liberado. En cualquiera de esos escenarios, la temporada en el máximo nivel ya no existe como opción real, al menos no con esa franquicia.
Para Urquidy, el golpe es especialmente áspero porque la decisión no nació de su rendimiento sobre el montículo, sino de una necesidad administrativa: Chicago quería activar a Thorpe y el roster no tenía hueco. El mazatleco fue la pieza que se movió del tablero, no porque fallara, sino porque el espacio tenía dueño nuevo.
El peso de lo que Urquidy representa
Hablar de José Urquidy sin mencionar octubre de 2019 es contar la historia a medias. El lanzador de Mazatlán, Sinaloa, se plantó en el Minute Maid Park durante las Series Mundiales con los Houston Astros y lanzó con una frialdad que pocos rookies exhiben en ese escenario. Esa actuación lo instaló en la memoria colectiva del béisbol mexicano como uno de los pocos lanzadores del país en dejar huella en la postemporada.
Después vinieron temporadas marcadas por lesiones y altibajos, como suele ocurrir con los pitchers que cargan con el brazo como herramienta de trabajo. Su camino hasta Chicago fue parte de una nueva etapa, un intento de relanzar una carrera que en sus mejores momentos mostró por qué llegó al nivel más alto del béisbol mundial.
Por eso el DFA duele más allá de lo individual: México no tiene una cantera infinita de lanzadores titulares en Grandes Ligas. Cada vez que uno de ellos pierde terreno, el béisbol mexicano lo resiente.
Drew Thorpe, el otro lado de la ecuación
El prospecto que ocupa ahora el lugar de Urquidy en el roster es Drew Thorpe, una de las apuestas de la organización de Chicago para construir el futuro de una franquicia que lleva años en proceso de reconstrucción. Para los White Sox, la lógica es transparente: el presente duele, pero el futuro se llama Thorpe. Para Urquidy, esa lógica tiene un costo muy concreto.
No es la primera vez que un veterano con historia paga el precio del desarrollo de un prospecto. Es uno de los movimientos más comunes —y más incómodos— del béisbol moderno: las organizaciones priorizan el desarrollo de sus jóvenes sobre la continuidad de quienes ya demostraron algo en el pasado.
¿Qué sigue para el mazatleco?
El DFA no es necesariamente el final de una carrera. El período de asignación puede abrirle una puerta si algún equipo lo reclama en waivers y ve en él un refuerzo útil para su rotación o bullpen. También existe la posibilidad de un acuerdo de ligas menores que le permita mantenerse activo y buscar una oportunidad en 2027.
Lo que sí es cierto es que el resto de 2026 en Grandes Ligas luce cerrado. Y para un lanzador que conoce lo que es lanzar en una Serie Mundial, eso no es un trámite: es una deuda que el béisbol le quedó a deber.
El nombre de Urquidy no desaparece con este movimiento. Pero la siguiente vez que aparezca en un roster de 40, tendrá que ganarse el lugar de una manera que esta temporada ya no le permitirán demostrar.


