El beisbol lleva décadas generando estadísticas raras, marcas improbables y curiosidades que desafían cualquier explicación lógica. Pero de vez en cuando aparece un número que detiene la conversación por completo. El de Isaac Paredes es uno de esos: 94 jonrones en Grandes Ligas y ninguno, absolutamente ninguno, conectado al jardín contrario.
Para ponerlo en contexto, hay que entender lo que eso significa. En el beisbol moderno, donde el análisis de lanzamientos y las tendencias de bateo están más estudiadas que nunca, pegar un jonrón exclusivamente al lado del jardín donde el bateador es más natural durante casi 100 cuadrangulares es una anomalía estadística de primer orden. No es una tendencia. Es una obsesión.
Isaac Paredes, el slugger que jamás va al oppo
La pregunta obvia es por qué. Isaac Paredes es un bateador diestro con una mecánica muy orientada a tirar de la pelota, lo que le da un poder enorme hacia el jardín izquierdo e izquierdo-central. Pero en el beisbol de élite, los pitchers ajustan, los receptores ubican y los lanzadores explotan precisamente esas tendencias. Que Paredes siga resistiendo sin ceder ni una vez al jardín contrario lo convierte en algo más que una curiosidad: es casi una declaración de identidad.
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Noventa y cuatro jonrones es una cifra respetable para cualquier jugador. Hacerlo con una consistencia tan extrema, tan inflexible, tan suya, lo convierte en uno de los perfiles más singulares de la liga. Los analistas lo estudian. Los lanzadores lo saben. Y aun así, el marcador sigue igual.
Cero jonrones al jardín contrario. Noventa y cuatro al propio. Una estadística que, cuanto más se piensa, más increíble parece.

