Francisco Lindor llegó al plato en la primera entrada del 1 de septiembre, vio el primer lanzamiento de Freddy Peralta y lo mandó a las gradas del Tropicana Field. Era su jonrón 15 de la temporada, su segundo leadoff homer en tres juegos, y venía contra el mismo pitcher que —semanas antes, todavía con uniforme de los Mets— había ayudado a sentar a Lindor y a Juan Soto para hablar y cerrar una grieta que Steve Cohen reconoció públicamente en julio. El batatazo fue un batatazo, pero todo lo que cargaba alrededor era otra historia.
Una temporada de golpes antes del jonrón
El 2026 empezó mal para Lindor antes de que comenzara la temporada. Una cirugía de hamate en febrero lo sacó del spring training completo. Luego, en abril, un desgarro severo en el músculo gemelo izquierdo lo dejó fuera hasta el 27 de junio. Sus primeros 12 juegos de regreso fueron los que el fanático de los Mets teme en pesadillas: línea de.184, sin potencia visible, y una avalancha de artículos preguntando si su contrato de $341 millones —con más de $170M restantes según estimaciones basadas en el desglose de años pendientes— era el peor de las Grandes Ligas.
Los rumores de trade llegaron rápido. Yankees, Red Sox, Dodgers y Braves aparecieron en los reportes como destinos posibles si los Mets decidían moverse. El presidente de operaciones de béisbol David Stearns no descartó nada, pero tampoco abrió la puerta. Lindor no fue al mercado. Y lo que pasó con los Mets en el deadline de 2026 dejó al equipo sin refuerzos y con más preguntas que respuestas.
Lo que dicen los números reales
Hay dos formas de leer la temporada de Lindor. La primera es la línea cruda:.230/.311/.422, 15 jonrones, 28 impulsadas en 257 turnos al bate. La segunda es el perfil Statcast: 91 mph de velocidad de salida promedio, 47.4% de hard-hit rate, .338 xwOBA. El primer número dice que el shortstop estuvo por debajo de su nivel. El segundo dice que cuando hizo contacto, lo hizo con la misma calidad de siempre. Esa diferencia tiene nombre: dos cirugías que lo mantuvieron fuera de ritmo durante meses.
Lo que no se puede ignorar es agosto. Lindor terminó ese mes con un OPS de .929 en un tramo de 20 juegos, en una temporada que los Mets van a terminar con cerca de 70 victorias y 11 juegos abajo del último wild card. Es un sprint al final de una carrera que ya no va a ningún lado este año, pero es suficiente para que la conversación cambie de ‘¿lo trocamos?’ a ‘¿en qué condiciones entra al 2027?’.
Peralta, Soto y el contexto que hace raro todo esto
Hay algo poético y extraño en que el batatazo haya sido contra Freddy Peralta. El derecho fue canjeado a los Rays el 2 de agosto, y el 1 de septiembre hizo su primera apertura frente a su ex equipo. Según reportes de Yahoo Sports, fue Peralta quien en algún momento durante su etapa en Nueva York ayudó a organizar una reunión directa entre Lindor y Juan Soto para limar las fricciones que Steve Cohen había reconocido públicamente en julio. Que Lindor lo saludara con un jonrón de entrada no fue venganza —Peralta era compañero, no enemigo— pero sí fue, a su manera, el cierre visual de un capítulo raro.
Los Mets van a terminar con una temporada difícil de procesar: dos estrellas de contrato máximo, una relación que se tensó y se reparó, y un equipo que no estuvo cerca de competir. Lo que tiene Lindor a favor es que sus métricas de contacto no mienten: este pelotero todavía tiene nivel de All-Star —se le atribuyen al menos cinco selecciones a lo largo de su carrera— y si el cuerpo le responde en primavera, el debate del 2026 va a quedar como una nota al pie.
- Francisco Lindor y los Mets en el trade deadline


