Eugenio Suárez lleva 7 hits en sus últimos 43 turnos al bate — un average de.163 que no cuadra con los $15 millones que los Reds pusieron sobre la mesa en el invierno. Desde que volvió de una lesión de oblicuo, el venezolano acumula 17 ponches, un solo jonrón y un OPS de.539 en 13 juegos. El manager Terry Francona ya empezó a buscar explicaciones; Suárez las rechaza una por una.
El WBC de Venezuela: ¿excusa o explicación legítima?
Francona fue discreto pero directo: el WBC con Venezuela campeona de marzo pudo haberle costado a Suárez la preparación de primavera. “No son remotamente críticas”, aclaró el manager, “pero fue desarticulado. Y si ves a muchos de los jugadores del WBC, hay muchas lesiones, muchos que están batallando.” La lógica tiene sentido — el spring training existe por algo, y saltárselo tiene consecuencias que se ven en junio.
Suárez no está de acuerdo. “El WBC no tuvo nada que ver”, dijo con la misma convicción con la que ha defendido su swing durante 12 temporadas en las Grandes Ligas. Para él, el problema fue el timing al arrancar el año regular — no la celebración de ser campeón con Venezuela — y el oblicuo hizo el resto. Es la tensión de dos lecturas del mismo slump: una externa, una interna.
329 jonrones de argumento para seguir creyéndole
El número que más pesa en esta historia no es el.163 ni el.539 OPS. Es el 329: los jonrones de carrera de Suárez antes de pisar Cincinnati de regreso. El año pasado igualó su mejor marca personal con 49 cuadrangulares entre Arizona y Seattle — una temporada que le ganó el contrato de $15 millones. Ese historial es exactamente por qué Francona habla de “dejar que se caliente, porque lo hará” y no de buscar reemplazos.
En los 25 juegos antes de la lesión, Suárez bateó.231 con tres jonrones y un OPS de.663 — números modestos pero suficientes para proteger en el lineup a Elly De La Cruz y a Sal Stewart mientras los Reds terminaban abril en primer lugar. El caos comenzó cuando el oblicuo lo mandó a la lista de lesionados, y el equipo se fue a pique. Desde entonces Cincinnati cayó bajo.500 por primera vez desde marzo, perdiendo la serie ante los Cardinals el fin de semana pasado.
Ahora Suárez tiene 35 años en julio, un manager que confía en su historial y un vestuario que espera que “los ponga en su espalda un poco”. Él, por su parte, solo dice que se siente cerca. “I feel very close.” Con 329 jonrones de currículum, sería un error no tomarle la palabra.


