Christian Encarnacion-Strand no necesitó prospectos ni contratos millonarios para llegar a Baltimore — solo costó efectivo. Y el 26 de agosto de 2026 ante los Cardinals en Busch Stadium, ese jugador de 26 años que llegó casi de contrabando respondió con la actuación más importante de su carrera: 4-de-4, un doblete de go-ahead en el noveno inning y la victoria 8-7 que mantiene a los Orioles dentro de la pelea por el último comodín de la Liga Americana.
El colapso, el empate y el momento de Encarnacion-Strand
Los Orioles llegaron al octavo inning con un 7-0 que olía a partido cerrado. Pete Alonso había puesto el sello con su jonrón número 32 de la temporada en el segundo inning — un tiro de 368 pies al jardín derecho — y Baltimore parecía cómodo. Pero los Cardinals recortaron, empataron y con el marcador en 7-7 la narrativa se había volteado por completo.
Fue entonces cuando Encarnacion-Strand llegó al plato en el noveno frente a Riley O’Brien (3-6, 33 salvamentos). Con conteo de 2-2 y el corredor emergente Luis Vázquez en base, el esquinero de Baltimore conectó un doblete al jardín central-derecho que metió la carrera que al final decidió el juego. Ese hit fue su segundo partido de cuatro hits en su carrera en Grandes Ligas — pero también fue el hit que hizo que Craig Albernaz, manager de Baltimore, lo describiera simplemente como ‘enorme’ para el club.
No acabó ahí su noche. En la parte baja del noveno, jugando primera base por primera vez en la temporada — sus 30 juegos anteriores habían sido en tercera o como DH — le bajó una línea de 108.7 mph de Alec Burleson y registró el out. El partido se cerró ante 21,185 aficionados en Busch Stadium con Baltimore ganando 8-7 su segunda serie consecutiva.
De Cincinnati por puro efectivo a pieza clave del playoff en Baltimore
La historia de cómo Encarnacion-Strand terminó vistiendo de Orioles vale contarla. El 13 de abril de 2026, los Reds lo enviaron a Baltimore por solo cash considerations — sin prospectos, sin jugadores, sin fanfarrias. Una transacción que muchos ignoraron y que hoy luce como la adquisición más eficiente de los Orioles en este ciclo.
Pasó los primeros meses de la temporada en Triple-A Norfolk, donde pegó 17 jonrones en una temporada que lo dejó listo para el llamado. El 17 de julio de 2026 fue recordado cuando Blaze Alexander fracturó su mano izquierda, y desde entonces no ha soltado el lugar. Sus números Statcast con Baltimore dicen por qué: 92.7 mph de exit velocity promedio, 16.7% de barrel rate y un wOBA de .346 — los de un bateador que no regala outs.
Nacido el 1 de diciembre de 1999 en Walnut Creek, California, fue elegido por los Twins en la ronda 4 (pick 128) del Draft 2021 tras destacar en Oklahoma State. Debutó con los Reds en julio de 2023 y mostró destellos con el bate antes de que llegaran los tropiezos: exceso de swing-and-miss, una cirugía de muñeca, temporadas complicadas. Baltimore recogió las piezas casi gratis y ahora está cosechando.
Con el triunfo del 26 de agosto, los Orioles quedan 65-68 y a solo 2.5 juegos de los Cleveland Guardians por el último boleto de wild card de la Liga Americana. No está muerto todavía. Y buena parte de que ese tren siga en movimiento lleva el apellido Encarnacion-Strand.
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