Aroldis Chapman en la mira de Padres y podría hacer una llave legendaria

Representando el bullpen de los Padres con Aroldis Chapman y Mason Miller.

Los Padres de San Diego quieren a Aroldis Chapman. Según el periodista Bob Nightengale, uno de los más conectados en MLB, San Diego tiene los ojos puestos en el cerrador zurdo de los Boston Red Sox. Si el movimiento se concreta antes del trade deadline, los Padres estarían armando un bullpen que muy pocos equipos en la liga podrían igualar.

Cuando Nightengale pone a un equipo ‘con los ojos puestos’ en un jugador, la comunidad beisbolera lo toma en serio, y con razón. Su historial de anticipar cambios antes del deadline tiene pocas fallas. El nombre que puso sobre la mesa esta vez es el de Aroldis Chapman, el zurdo cubano cuya recta ha superado los 100 mph de forma consistente a lo largo de su carrera y que actualmente pertenece a los Red Sox.

Aroldis Chapman más Mason Miller: el experimento que nadie quiere enfrentar

Chapman cuando está afilado, sigue siendo uno de los brazos más difíciles de enfrentar en la liga. La pregunta que los Padres parecen estar haciéndose es si ese potencial vale la apuesta. San Diego lleva temporadas intentando construir un elenco capaz de pelear en serio en octubre. El pitcheo siempre ha sido parte central de esa apuesta, y los movimientos de los Padres en el mercado de pitcheo han sido un indicador constante de sus ambiciones. Sumar a Chapman sería un movimiento de ese mismo calibre.

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Aquí es donde el rumor se vuelve interesante de verdad. Mason Miller ya está en el bullpen de los Padres y, en este momento, es uno de los relevistas más temidos del béisbol. Con una recta que también roza los 100 mph y un slider que desaparece del plato, Miller ha consolidado su rol como cerrador titular del equipo. La idea de que Aroldis Chapman llegue a compartir los innings finales con él no es solo un capricho de Twitter: es un escenario tácticamente devastador para cualquier lineup que tenga que enfrentarlo.

Back-to-back con Aroldis Chapman en el octavo y Miller cerrando el noveno —o viceversa— convierte los últimos dos innings en un muro casi infranqueable. Equipos que ya batallan con uno de los dos tendrían que procesar ambos en la misma noche, con el cansancio del partido encima. Para un equipo que quiere llegar lejos en octubre, esa clase de profundidad en el bullpen no tiene precio.

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