No hay debate, Lisban Correa es el nuevo show de la pelota cubana, no solo por sus 22 jonrones y casi 70 impulsadas sino por su determinación a la hora de pararse en el cajón de bateo.
A sus 34 años, Lisban vive una revolución en su carrera deportiva, se ve más centrado, más enfocado y nadie duda sobre inclusión en el equipo Cuba; un cupo para Guillermo Avilés, otro para él.
Al día de hoy, cuando los Leones de Industriales ruegan a Dios y a todos los santos para que obren un milagro, Lisban es la esperanza de cientos de miles de fanáticos del equipo no solo en La Habana sino en todo el mundo, desde Acapulco y Miami, pasando por Montevideo y Santiago de Chile hasta la península ibérica y mas allá.
La Serie 60 ha sido de un desborde ofensivo colosal, todo el mundo ha bateado pero nadie le ha pegado tan duro a la bola como Lisban, ni han mostrado su forma física, ni su mentalidad; cuando sale al cajón de bateo, todos pueden ver que ya estudió al pitcher contrario y planificó bien su turno.
Hace unos años, antes de salir de Cuba rumbo a República Dominicana allá por 2015, Lisban era solo una promesa que una vez pudo ser y como otros quedó en eso, en promesa.
Desde su debut con el segundo equipo de la capital cubana, Metropolitanos, en la Serie 45, Lisban mostró cualidades de buen bateador muy por encima del 280 de average que registró en ese entonces.
Pero su salida hacia suelo quisqueyano en busca de una oportunidad a nivel profesional le cambió la vida, lo curtió como atleta, aumentó sus capacidades y su fortaleza en el home- “… Me convertí en un bateador de todos los ángulos del terreno…”- ha declarado Correa en varias entrevistas.
En 2019, cuando su regreso y entrada al clásico cubano era un hecho, todos pudieron ver la trasformación, su nueva mecánica, su ostensible poder y si no llega a ser por su sanción deportiva, de seguro hubiera rendido un excelente año.
Tal como luce hoy la primera base de los azules, bien pudiera rendir a ese nivel unos cuatro o cinco años más, para muchos es un poco tarde, para otros es el mejor momento.
Lo cierto es que si antes de su regreso en la Serie 59, Lisban Correa sumaba números muy normales para 10 temporadas, 284 de average, 79 jonrones y 372 impulsadas; desde entonces, con medio certamen jugado el año anterior y con pocos más de 50 juegos en la presente edición, su historia es otra, bien pudiera estar empezando a escribirse.


