Para hablar de Dany Betancourt haría falta escribir un libro y no exagero, pues el lanzador santiaguero fue en su momento la gran perla de su generación y cuenta con aval suficiente pero merecer todos los elogios.
Para hablar de Dany hay que remontarse a los años finales de aquella primera Aplanadora de Santiago de Cuba, allá a comienzos de los 2000 y entonces se pudiera entender porque su papel protagónico en la Olimpiada de Atenas en 2004, durante el partido final ante Australia.
Ya entonces Dany Betancourt, deslumbró a todos con su talento y determinación para lanzar, al punto de que cuando entró Antonio Pacheco y aparece en escena la segunda Aplanadora, si bien hubo un Norge Luis Vera que fue el as, también Dany Betancourt se convirtió en pieza clave de los éxitos santiagueros.
Hoy no es el mismo Dany imponente de aquellos años pues el tiempo juega su papel y hace mella en el rendimiento pero Dany Betancourt sabe lanzar, le pone y le quita a la bola, cambiándole los tiempos a los bateadores, domina a la perfección sus pitcheos rompientes y en el béisbol estos mecanismos psicológicos marcan la diferencia.
Si Dany no empezó bien la Serie 60, si de hecho no ha tenido una buena Serie 60 y muchos hablan de un retiro obligado, lo que mostró el pasado miércoles ante Holguin fue su mejor versión y calló muchas bocas; casi siete innings, seis ponches sin carreras; fue el Dany Betancourt de siempre y volvió a poner a soñar a su gente.
En este punto la memoria nos retrotrae hasta el tercer Clásico Mundial en 2013 y ahí, Dany fue el mejor lanzador de Cuba, lució inmenso, volvió a renacer pues nadie contaba con él.
Así en constantes autorelevos ha estado signada la vida como lanzador de Dany Betancourt, lo hecho ante los Cachorros es una alerta y bien pudiera ser su regreso a la mejor forma cuando más lo necesita el equipo.
Los grandes son así, siempre guardan lo mejor para los momentos neurálgicos; los grandes son así y Dany Betancourt hace rato que tiene esa etiqueta en su haber.


