Adrián González se retiró oficialmente del béisbol en febrero de 2022 con un currículum que pocos jugadores mexicanos pueden igualar: 15 temporadas en la MLB, 317 cuadrangulares, 1,202 carreras impulsadas y 4 Guantes de Oro. Pero El Titán no se fue a descansar. Nacido en San Diego y criado en Tijuana, González lleva años construyendo algo distinto —una segunda carrera como conector entre marcas deportivas estadounidenses y la comunidad hispana, el segmento de consumidores de mayor crecimiento en el mercado norteamericano.
El activo que las marcas no pueden comprar: credibilidad bicultural
La historia de González siempre tuvo dos caras. De un lado, la frontera de Tijuana donde creció y donde el béisbol era sinónimo de identidad; del otro, las Grandes Ligas donde se convirtió en el primer cuadro seleccionado número uno en el draft desde Álex Rodríguez en 1993, cuando los Florida Marlins lo eligieron en el año 2000. Esa doble pertenencia —mexicano y estadounidense a la vez, sin disculparse por ninguna de las dos— es exactamente lo que las marcas deportivas buscan ahora y no pueden fabricar.
En julio de 2025, la cadena de tiendas deportivas WSS —enfocada en el consumidor latino— lo contrató junto a Hirving ‘Chucky’ Lozano para su campaña de regreso a clases. No fue un cameo decorativo: González encarna al padre de familia mexicoamericano que conoce los dos mundos, que compra en dólares pero piensa en español. El tipo de figura que los expertos en marketing multicultural y audiencia hispana llaman auténtica, en contraposición al ‘translation marketing’ —ese error de las marcas que simplemente traducen sus campañas anglofonas y esperan que funcionen igual.
Un mercado de 2.7 billones de dólares que necesita caras reconocibles
Los números explican por qué González llega en el momento exacto. Según datos de Nielsen, la comunidad hispana representa el 19% de la población estadounidense y su poder adquisitivo colectivo —estimado en 2.7 billones de dólares— la convertiría en la séptima economía del mundo si fuera un país independiente. Dentro de ese universo, los mexicoamericanos son el subgrupo con mayor peso: alrededor de 797,000 millones de dólares en poder de compra. Y ese número se proyecta al alza: en 2010 el poder adquisitivo hispano total rondaba el billón de dólares; hacia 2026 podría superar los 3 billones.
Para las marcas de artículos deportivos, el timing también ayuda. El mercado norteamericano del sector alcanzó cerca de 1.43 mil millones de dólares en 2024 y se proyecta que crezca a una tasa anual de 8.60% durante la siguiente década. En ese contexto, tener a alguien como González —que jugó en la Liga Mexicana de Béisbol, representó a México en el Clásico Mundial de Béisbol y en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y al mismo tiempo fue figura central en Dodgers, Red Sox y Padres— no es solo una decisión de relaciones públicas. Es una decisión de arquitectura de marca.


