Hubo un momento en el que no sabía elegir entre él y Joe Mauer como mis receptores preferidos en la Gran Carpa, al final el mítico Joe se impuso, bateaba más y era mucho mejor a la defensa,  con más veras después de aquella mítica campaña de 2009, en la cual fue el MVP indiscutido desde el comienzo, pero así y todo, Víctor Martínez fue un referente de miles de aficionados al béisbol caribeño allá a comienzos de los 2000.

Si para muchos, el venezolano vivió sus mejores años con los Medias Rojas de Boston, en lo personal lo vi lucir un mundo con los Tigres de Detroit hasta su retiro en 2018, igual si me preguntan cuál de sus etapas prefiero, diría que fue el Clásico Mundial de 2006, donde rindió bien con la escuadra vinotinto y sin hacer mucho ruido, cuando todos miraban a Miguel Cabrera y Bobby Abreu, Víctor dio los batazos importantes del equipo que dirigía Luis Sojo.

No obstante, hay una realidad, Víctor Martínez demostró condiciones desde su debut en Grandes Ligas con los Indios de Cleveland allá por 2002 y si su defensa como cátcher dejo mucho que desear, con el madero se ganó un prestigio que lo precedió por siempre hasta la temporada de 2018; mas allá de su fatal porcentaje de cogidos robando, Víctor era una pieza que cualquier manager anhelaba en su alineación por su desborde ofensivo.

Ya como colofón de su carrera, jugo para Venezuela en el cuarto Clásico Mundial, una bonita manera de despedirse de la afición.

Estimados lectores, hablamos de un hombre que en 17 campañas dentro del mejor béisbol del mundo, bateo para 295 de average, conecto 245 jonrones, impulso 1178 carreras y sostuvo un OPS de 814; números para quitarse el sombrero y aplaudir.

 

 

 



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