Aunque a veces no seamos conscientes de ello, los estímulos auditivos son sumamente importantes en nuestra vida. Es por eso, por ejemplo, que en el cine, la banda sonora puede marcar la diferencia entre una buena y una mala película. La música transmite muchas emociones, marca ritmos y tiempos, y también aporta una identidad.

En el mundo del deporte, la música, y en general el sonido, no son menos importantes. Más allá de lo que pueda suponer el himno de un equipo (esa sensación de pertenencia, de ideología, esa inyección de positivismo de cara al enfrentamiento que recién va a empezar), las ovaciones son esenciales para los jugadores.

Sentirse apoyados por la afición puede hacer que un deportista lesionado se entregue hasta el último aliento, pero un insulto puede también sacar lo mejor de él, la rabia que necesita cuando va perdiendo para dar un giro a los acontecimientos, sacar fuerzas de flaqueza y contraatacar.

Los estímulos auditivos son tan importantes en el deporte, que incluso durante muchos años se siguieron los encuentros deportivos por radio y comprendíamos perfectamente lo que sucedía sin necesidad de que el sonido fuese acompañado por la imagen. ¿Cuántas veces ha sucedido de estar viendo un partido en un pub, que la televisión estuviese en “mute” y que alguien haya pedido con urgencia que prendiesen el sonido para comprender qué sucedía realmente en el estadio?

Es por esto que no se debe subestimar lo que la afición puede aportar a su equipo, y por lo que en los estadios debe cuidarse la acústica. El volumen es igualmente muy importante. En el momento en que se construyen instalaciones deportivas, debe tenerse en cuenta este factor, y adaptar pues altura, materiales y formas de los muros y diferentes elementos arquitectónicos para que la acústica no sea molesta a los jugadores ni a los aficionados: que el volumen que puedan alcanzar los vítores no sea tan elevado o no genere tanto eco como para resultar desagradable y desconcertante, pero que pueda escucharse con nitidez y energía, tal vez incluso sin necesidad de elementos adicionales como los altavoces.

En algunos deportes, los sonidos no sólo son muy característicos, como en el béisbol, en el que dependiendo de qué golpee la pelota significará una u otra cosa, sino que serán indispensables para discernir qué viene después, o si ha sido bola buena o bola mala. Del mismo modo que al golpear una sandía podemos saber si está madura o aún sabrá simplemente a agua, por el sonido que escuche un jugador tras de sí generará una capacidad de reacción y actuará en consonancia. El sonido puede transmitir muchas cosas de la jugada de un compañero o un rival, y es muy necesario durante la competición, por lo que tan importante será poder escuchar el sonido ambiente generado por los propios deportistas que la música elegida para animar el evento y los vítores o abucheos de la afición de ambas partes.



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