En el sexto inning del encuentro entre los Tigres de Detroit y los Royals de Kansas City, el 28 de septiembre de 2022, Miguel Cabrera conectó un batazo que trascendería más allá del marcador: un jonrón de dos carreras por el jardín izquierdo que lo posicionó en la historia del béisbol de Grandes Ligas.
Con ese cuadrangular, el venezolano alcanzó 1.845 remolcadas en su carrera, superando las 1.844 que acumuló Carl Yastrzemski durante su legendaria trayectoria entre 1961 y 1983. Cabrera se ubicó en el decimocuarto lugar de todos los tiempos en esta estadística, un hito que consolidaba su lugar entre los grandes bateadores de la historia del deporte.
Un jonrón con espera: el regreso de Miggy
Lo notable del momento fue el contexto. Cabrera no había conectado un jonrón desde el 25 de julio de 2022 —más de dos meses atrás—, lo que hacía de este batazo su primero en casi 65 días con los Tigres. El jonrón 507 de su carrera llegaba en un momento en que la temporada tocaba a su fin, recordando al público por qué el apodo “Miggy” seguía resonando en el Detroit.
A los 39 años, Cabrera demostraba que aún tenía capacidad para producir momentos memorables. Su presencia en el lineup seguía siendo relevante, incluso cuando sus números generales en 2022 reflejaban el declive natural de un veterano: 96 hits, 41 remolcadas, 25 anotadas, promedio de .284 y un OPS de .620.
Los detalles del batazo
El jonrón no fue solo un golpe cualquiera. Con una velocidad de salida de 102.0 mph y un ángulo de partida de 31°, la bola viajó 411 pies por el jardín izquierdo, características que reflejan la mecánica de un bateador experimentado que aún sabía cómo conectar con precisión.
Ese tipo de contacto —rápido, limpio, elevado al ángulo ideal— era la firma de Cabrera en sus mejores años, cuando ganó la Triple Corona en 2012 y fue parte de la dinastía ofensiva de los Tigres de mediados de la década pasada.
Un legado que trasciende números
Superar a Yastrzemski en remolcadas no era un detalle menor. “Yaz” fue un jugador de 23 temporadas, miembro del Salón de la Fama desde 1989, emblema de los Boston Red Sox. Su capacidad para mantener un nivel competitivo durante décadas lo convirtió en referencia obligatoria de consistencia y longevidad.
Cabrera, quien debutó en 2003 y pasaría la mayor parte de su carrera con Detroit, estaba escribiendo su propia leyenda. Ese jonrón del 28 de septiembre fue un recordatorio de que, aunque el final de su trayectoria se acercaba, su impacto en el deporte seguía siendo medible y significativo.
Para los aficionados de los Tigres y para quienes siguieron la carrera del venezolano, ese batazo representaba más que estadísticas: era la confirmación de que Cabrera había dejado una marca indeleble en la historia de las Grandes Ligas.
