Vamos a recordar la vez que el histórico cerrador de los Yankees de Nueva York Mariano Rivera relató en su libro cómo fue el épico turno con el slugger venezolano Miguel Cabrera de los Tigres de Detroit en la MLB.

El 09 de agosto de 2013 se vivió en el Yankee Stadium uno de los turnos más memorables en la historia de la pelota como lo fue el de Miguel Cabrera enfrentando al mejor cerrador del béisbol Mariano Rivera.

Ganaban los de casa 3-1 y con dos outs en la pizarra con un corredor en base, Miggy por los Tigres conectó un jonrón espectacular por el jardín central.

Lo impresionante es que cuando Rivera decidió escribir su libro, no pasó por alto ese momento épico y decidió contarlo lo cual hizo de la siguiente forma:

 

“Después de sacar el primer out, Austin Jackson batea doble entre el jardín central y el izquierdo. Retiro a Torii Hunter con un batazo a mis manos. Ahora Miguel Cabrera, el jonronero venezolano, el mejor bateador del béisbol, camina hacia el plato. Es entre el y yo. Cabrera batea .358 con treinta y tres jonrones (te recuerdo que es principio de agosto), y como siempre, está bateando hacia los tres jardines. Mi estrategia con él es la misma que tengo con cada bateador; no cambia por ser él quien es. A veces uno puede ajustar su estrategia para explotar alguna debilidad específica que tenga un bateador, pero en el caso de Cabrera realmente no hay ninguna debilidad, así que me enfrento a el.”

“Otra vez a un strike.

Un Strike.

Termina esto, me digo a mi mismo.

Lanzo una bola alta y afuera, pero él no la abanica. El siguiente lanzamiento es adentro y Cabrera se lo quita de encima, conectando un foul que le pega en la rodilla y sale cojeando. Es atendido por el entrenador y Jim Leyland. Después de unos minutos regresa cojeando a la caja, y yo disparo otra vez adentro, y esta vez batea un foul que le da en la espinilla. Ahora va cojeando más.”

“Lo único que yo quiero es terminar el partido. Trato de engañarlo con un lanzamiento en la esquina de afuera. El no muerde el anzuelo. Va a llegar el séptimo lanzamiento del turno al bate. La manera en que abanica mi recta cortada me dice que podría ser vulnerable a una recta de dos costuras; es un lanzamiento que baja mucho y si pongo la pelota dónde debo, creo que podré poncharlo. Es mi mejor opción, creo yo, porque está claro que él espera otra recta cortada. Realizo mi movimiento hacia adelante y me preparo, entonces lanzo mi recta de dos costuras, violando el evangelio de Wetterland, porque creo que puedo engañar a Cabrera lanzando lo que él no espera. Podría haberlo logrado, pero la pelota va por encima del corazón del plato, y se queda ahí. Él batea, y en el instante en que hace contacto, yo bajo mi cabeza sobre el montículo. Sé dónde va a aterrizar. “

“En el horizonte negro.

Por encima de la valla del jardín central.

No tengo que mirar a Brett Gadner perseguirla.

“¡Increíble!”, digo yo mientras Cabrera va cojeando alrededor de las bases. El “increíble” describe lo que acaba de suceder al igual que el don de bateo con que ha sido bendecido Miguel Cabrera. El bateó de foul dos lanzamientos que hubieran puesto fin al partido.

Extendió su turno al bate.

Y entonces me venció.”

 

 




 

 

Realmente fue es impresionante que un lanzador haya recordado ese turno con Cabrera al punto de escribirlo en un libro.

Ambos protagonistas son unas leyendas vivientes de la pelota, uno con su placa en el HOF mientras el otro va en camino de acompañar en Cooperstown al mejor cerrador en la historia del béisbol.

Aquí podemos ver el histórico duelo entre Rivera y Cabrera:



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