Juan Soto y el dineral que le hizo ganar a los Mets en 2025

Juan Soto empujó las ventas en Queens / Foto: MLB

Juan Soto empujó las ventas en Queens / Foto: MLB

El invierno en Queens fue más cálido de lo habitual. Y no por una ola de calor inesperada, sino por el terremoto que sacudió el mercado de las Grandes Ligas cuando Juan Soto estampó su firma en un contrato multimillonario con los Mets. Doce meses después, los números demuestran que el impacto del dominicano no solo se siente en el terreno de juego, sino también en las arcas de la franquicia. Citi Field vivió su temporada más lucrativa desde su inauguración.

Las cifras hablan por sí solas y no admiten discusión. Queens Ballpark Company, la entidad encargada de la operación del estadio, reportó ingresos por 311.4 millones de dólares durante 2025. El número representa un salto significativo respecto a los 260.8 millones del año anterior y deja atrás por goleada los 237.8 millones que se registraron en 2023. El aumento de más de 50 millones en solo doce meses tiene un nombre y un apellido que resuena en cada rincón de la ciudad.

Juan Soto hace ganar millones a los Mets

El jardinero dominicano Juan Soto no solo llenó butacas, sino que transformó la experiencia de asistir al parque. Las camisetas con el número 22 se convirtieron en el uniforme no oficial de las gradas, y los fines de semana, el metro con destino a Flushing iba repleto de aficionados ansiosos por ver al nuevo ídolo. La taquilla, los concesionarios, las tiendas de recuerdos e incluso el estacionamiento notaron el efecto multiplicador de tener a una superestrella en el lineup.

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El récord de ingresos llega en un momento clave para la franquicia, que sigue pagando el precio de su costosa apuesta por armar un roster competitivo. Cada dólar que entra por las puertas de Citi Field ayuda a sostener una nómina que ronda los 300 millones y que tiene a Juan Soto como su principal estandarte. Los dueños del equipo, lejos de lamentar la inversión, frotan sus manos viendo cómo el retorno empieza a materializarse.

Para la afición metropolitana, el dato económico tiene un significado más profundo. Ver las gradas llenas, sentir el ruido en cada turno al bate y comprobar que Nueva York vuelve a teñirse de azul y naranja es la prueba de que el equipo está donde debe estar. En Queens, el béisbol volvió a ser negocio, pero también volvió a ser fiesta. Y mientras Juan Soto siga conectando batazos, la fiesta promete no terminar pronto.

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