Desde que fue firmado, Jim Rice fue considerado un prospecto de primer orden por los Medias Rojas de Boston, así lo indicaba el hecho de que la única razón por la cual permitieron que fuese a jugar en la liga venezolana obedecía a que en esa temporada (1973-74) el manager de los Navegantes del Magallanes sería Jim Frey, hombre de confianza de la gerencia patirroja.  Su meteórico ascenso lo llevó pronto a escalar posiciones en el sistema de granjas y en 1975 irrumpió en la gran carpa y junto a su compañero Fred Lynn conformó una de las combinaciones de novatos más impactantes en la historia del juego, pocos duetos de novatos de un mismo equipo han bateado más de 20 jonrones y empujado más de 100 carreras en su año de novatos. Desafortunadamente para Rice y los Medias Rojas, se lesionó una muñeca a finales de la temporada y no pudo jugar en octubre, algunos hicieron un paralelismo con el caso de Tony Conigliaro en 1967, dijeron que con Rice en la alineación, tal vez los Medias Rojas habrían ganado la Serie Mundial de 1975. Igual que con Tony C, eso solo se sabrá en la imaginación de los aficionados más apasionados.

  Rice llegó a perfeccionar su defensiva en el jardín izquierdo y se adaptó de tal manera al Monstruo Verde de Fenway Park que logró convertirse en fiel heredero de Carl Yastrzemski en esa posición, parecía haber grabado a cincel todos los movimientos a ejecutar de acuerdo al lugar de la pared donde se estrellara la pelota, y a los espacios de la intrincada geometría de ese jardín izquierdo donde rebotara la esférica. Tal vez la temporada más memorable de Rice fue la de 1978 cuando actuó en los 163 juegos de su equipo y bateó para .315 en 677 turnos al bate, comandó la liga en porcentaje de slugging con .600, jonrones (46), carreras impulsadas (139), triples, (15), e imparables (213). Ese año los Medias Rojas lideraban la división este de la Liga Americana con 14 juegos sobre los ocupantes del segundo lugar, y se desinflaron entre finales de agosto y principios de septiembre, aunque reaccionaron para forzar un juego de desempate ante los Yankees de Nueva York, lo perdieron.

  Entre 1986 y 1987 Rice era el capitán de los Medias Rojas y de acuerdo a las reflexiones de Don Baylor en su libro “Nothing But The Truth”, mostró dos rostros opuestos de una temporada a la otra. Cuando Baylor llegó a Boston en 1986, Dwight Evans, el líder silencioso de los Medias Rojas, le pidió que implementara una corte de canguros, el mecanismo de motivación y reflexión que Baylor había aprendido de Frank Robinson en sus años de novato con los Orioles de Baltimore. Baylor habló con Rice al respecto, respetando su condición de capitán, mientras el equipo funcionó bien en 1986, la corte de los canguros fue un acierto, pero cuando en 1987 las cosas anduvieron mal, Rice empezó a despotricar de sus compañeros y Baylor estuvo a punto de enfrentarlo, afortunadamente para todos fue a consultar con Evans y este le leyó un pasaje de la Biblia que logró al menos apaciguarlo.

   En el dugout del equipo de casa en Fenway Park hay una fotografía grande colgando de una pared. En la misma un Rice triste pero determinado carga a un niño de cuatro años con la parte izquierda del cráneo rota y el rostro cubierto de sangre. El 7 de agosto de 1982, en medio de una intensa carrera por el banderín de la división este de la Liga Americana, los Medias Rojas recibían a los Medias Blancas de Chicago. Con el juego igualado 2-2, Dave Stapleton, el segunda base de Boston vino a batear en el cierre del cuarto inning ante el abridor patiblanco, Rich Dotson. Hizo un swing retrasado y salió un foul hacia el palco de terreno ubicado a la izquierda del dugout de los Medias Rojas. La pelota impactó de lleno el cráneo de Jonathan Keane, un niño que había ido con su padre a ver a los Medias Rojas. Desde el primer escalón del dugout, Rice vio el drama del niño y su padre, sin pensarlo recorrió la distancia y llegó en diez segundos al palco, tomó al niño en brazos y con zancadas vertiginosas llegó hasta la sala de masajes del clubhouse donde el médico del equipo Arthur Pappas, en pocos minutos lo revisó y lo acompañó en la ambulancia hasta el Children’s Hospital. Jonathan vivió una cirugía delicada y fue dado de alta cinco días después. Aunque el masajista Charlie Moss increpó a Rice porque un movimiento brusco pudo ocasionarle a Jonathan  complicaciones mayores como un ataque cardíaco, lo cierto es que para cuando llegaran los técnicos médicos de emergencia o los enfermeros de la ambulancia y aplicaran sus protocolos, podría haber sido muy tarde. Cada vez que le preguntan por este incidente, Rice responde: “Me veo cargando a mi hijo”, dijo suavemente. “Me veo siendo un padre, siendo alguien que es capaz de pensar en otros. Si ese fuera mi hijo, quisiera que alguien reaccionara de la misma manera”.

 Alfonso L. Tusa C.

Fuentes y Referencias.

_Baylor, Don. Smith, Claire. Nothing But The True. A  Baseball Life. St. Martin’s Press, New York.1989. pp 250-251, 253-254.

_Garber, Greg. Rice a Hero in a Big Way for a Young Boy. ESPN.com. 25-07-2009.

_baseball-reference.com

 




 

 



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