Los números de pitcheo que ha registrado deGrom en estos primeros dos meses y medio de temporada impresionan porque en esta era donde al pitcher se le reconoce como una salida de calidad cada vez que permite tres carreras por cada 6 innings lanzados, él tiene una efectividad de 0.56 carreras permitidas por cada nueve innings lanzados, una cifra fantasmagórica; porque de sus primeras diez aperturas una se convirtió en juego completo algo con visos de anormal en una era donde el conteo de pitcheos se ha convertido en factor determinante de la estrategia; porque este desempeño ha desempolvado una de las actuaciones de pitcheo más deslumbrantes en la historia de MLB, la de Bob Gibson en 1968 (El Año del Pitcher). Tal vez parezca apresurado establecer comparaciones, el caso es que los números de deGrom dan para eso. En mi opinión en la tabla faltó un renglón, el de innings lanzados, con este dato se termina de comprobar la estrecha similitud de las estadísticas de ambos pitchers.
Una característica donde difieren bastante reside en la actitud en el montículo, mientras Gibson era un pitcher intenso, retador, intratable, deGrom es un tipo analítico, pausado, abstraído. Gibson era capaz de tumbar al propio Hank Aaron o Mickey Mantle con un lanzamiento pegado, nunca dejaba de mirarlos a los ojos aunque estuvieran levantándose del cuasi pelotazo, con la mirada parecía decirles que estaba ahí y que no se iba a dejar quitar el pedazo del plato que le correspondía, mi hermano mayor me contó cuando escuchábamos un juego de la Serie Mundial de 1968, que cuando Gibson vino a Venezuela en la temporada 1960-61 con los Indios de Oriente (equipo heredero de la franquicia de los Navegantes del Magallanes) generó un incidente en un juego frente a los Leones del Caracas que algunos catalogan de leyenda, otros aseguran que realmente ocurrió
En cuanto a deGrom, su residencia en la lomita se resume en inclinarse para distinguir las señas del cátcher, si no está de acuerdo lo llama y en tres o cuatro palabras resuelven casi de inmediato las diferencias. También puede retirarse detrás del montículo en medio de una situación complicada, aprieta la bolsa de la pez rubia y cuando el árbitro principal se dirige en su dirección deGrom empieza a ejecutar el wind up. A medida que avanza el juego él se torna más relajado, se enfoca con más detalle en cada bateador, realiza envíos más sorprendentes que dicen mucho de una selección de pitcheos que toma en cuenta los detalles más imperceptibles de cada bateador, de cada situación, del terreno, de los compañeros que juegan al campo en determinado momento.
El beisbol a pesar de encontrarse sometido a una serie de cambios que han afectado profundamente su naturaleza dinámica, siempre logra redimensionarse mediante la actuación de algunos peloteros que rescatan la esencia del juego, su competitividad, su capacidad para el suspenso. Todo eso lo ha conseguido deGrom al aproximarse mucho a los números de Bob Gibson al hilvanar una seguidilla de diez juegos con al menos 5 innings lanzados y cuando mucho una carrera limpia permitida. Para tener un mejor ángulo de análisis es preciso agregar un renglón: el número de innings lanzados, este dato explica las aparentes ventajas de deGrom, sin desconsiderar sus méritos, en ciertas categorías. Gibson lanzó 99 innings en una seguidilla de 11 aperturas comprendida entre el 6 de junio y el 30 de julio de 1968, mientras que deGrom lo hizo en 64 innings en una seguidilla de juegos desde el 5 de abril hasta el 11 de junio de 2021. Uno de los cuales fue completo y blanqueo a los Nacionales de Washington. De esos 11 juegos de Gibson todos fueron completos, ocho blanqueos. La efectividad de deGrom se detuvo en 0.56 por 0.27 de Gibson. El habitante de 2021 saca ventaja (aparente) sobre el fenómeno de 1968 tanto en el promedio de bateo como en el OPS de los oponentes, .121 por .163; y .372 por .390 respectivamente, en realidad esos números porcentuales huelen mucho a empate técnico. Luego está la estadística que más relaciono con el dominio de un pitcher, el radio ponches/boletos, principalmente por la imagen de control que transmite una menor cantidad de boletos; a fin de cuentas lo determinante en el beisbol son los outs, para conseguirlos por la vía del ponche se requiere al menos tres lanzamientos, lo cual explicaría la profusión de lesiones en los brazos de los lanzadores, en la medida que un pitcher aprenda a lanzar en los puntos de la zona de strike más complicados para conectar batazos imparables, estará aproximándose a una versión de dominio más estable que la de retar a los bateadores en busca del ponche. En este renglón deGrom muestra unos escasos ocho boletos en 64 innings por trece de Gibson en 99 innings, lo cual dibuja nuevamente la idea de la igualada técnica.
Este recorrido de 10-11 aperturas seguidas donde deGrom mantiene el ritmo del gran Bob Gibson nos hace desear con fruición que lo de la lesión de este 16 de junio en el hombro de deGrom, solo sea algo pasajero, así podríamos estar en presencia de un duelo de pitcheo materializado a través de la máquina del tiempo del beisbol, de su dinámica de fondo, de la épica del lanzador, del estoicismo del receptor, de la pertenencia del trabajo de equipo que subyace en la concentración de los siete peloteros que detrás gritan mentalmente o silban su respaldo a su compañero del montículo. En aquella incandescente temporada de 1968, Gibson fue capaz de completar hasta 13 blanqueos, sabemos que por razones obvias relacionadas a las variaciones de forma que presenta el beisbol, deGrom difícilmente alcance siquiera dos o tres blanqueos. Lo que si puede hacer es mantener ese ritmo de tan pocas carreras permitidas durante aperturas de cinco o más episodios lanzados, eso sería equivalente a una carrera de caballos enfrascados en el más encendido cabeza a cabeza hasta la meta, lo cual rescataría más de la esencia dinámica y competitiva del beisbol.
Otro aspecto que contribuye al rescate de deGrom de la dinámica del juego es su nivel de buen bateador lo cual confirma que lejos de distraer al lanzador, tener que ser un pelotero integral y salir a tomar turno al bate favorece a que el pitcher se concentre más en el juego al observar desde el plato las armas que esgrime su rival y en consecuencia diseñar los ajustes para neutralizar con propiedad al pitcher contrario. deGrom en lo que va de temporada ha empujado seis carreras y batea para .423. En 1968 Gibson bateó para .170 con seis carreras empujadas.
Tenía conciencia de lo intenso que podía ser esa dinámica en Gibson a través de aquella leyenda con visos de realidad que me había contado mi hermano mayor, cuando el espigado lanzador derecho llegó al cierre del noveno inning derrotando a los Leones del Caracas 1-0 en el estadio de la UCV, ante el dominio hermético que ejercía Gibson De pronto el narrador empezó a decir que desde el dugout del Caracas comenzaron a gritarle algo a Gibson para desconcentrarlo. En menos de cinco minutos el narrador se enteró que desde la cueva caraquista le gritaban “Lumumba” a Gibson, en alusión a su gran parecido con el líder político africano Patrick Lumumba. El narrador casi tartamudeó cuando relató que en el próximo lanzamiento Gibson ejecutó el wind up de frente hacia el dugout y metió la más fantasmagórica recta hacia el compartimiento subterráneo. Un silencio estridente invadió el estadio, por varios segundos solo se escuchaba la pelota repicando entre el techo y el piso del dugout que había quedado totalmente solitario. El narrador intuía que el árbitro podía expulsar a Gibson por aquel incidente, pero luego de conversar con el manager del Caracas, regresó a su lugar detrás del plato y le ordenó a Gibson que siguiera lanzando. Entonces el espigado lanzador completó su faena y terminó de blanquear a quizás el equipo más fuerte del campeonato.
Alfonso L. Tusa C. 18 de junio de 2021.©

