Con sólo 150,000 habitantes,  ningún país tiene mayor proporción de representantes en el béisbol de las Grandes Ligas que Curazao.

La paradisiaca isla rodeada por las aguas del Mar Caribe, se ha convertido en una inesperada fábrica de peloteros de talla mundial.

¿El secreto?

Las malas condiciones de los campos de juego, por extraño que parezca, y la inmensa gratitud de sus peloteros mayoristas que año con año regresan a casa a enseñar lo que saben e inculcar el amor por el béisbol entre los niños.

De Hensley a Ozzie Albies, pasando por Jansen, Jones, Gregorius y Profar, la historia de Curazao está ligada ahora a su pasión por el béisbol.

 






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