Este sábado 5 de junio de 2021 me enteré gradualmente del deceso del manager mediante el cual aprendí a comprender con más propiedad, desde las decisiones reportadas por Carlos Tovar Bracho, Beto Perdomo, Dámaso Blanco, Humberto Acosta y John Carrillo, que el beisbol aunque se componía de momentos individuales entre el pitcher, el catcher y el bateador, definitivamente era un juego de equipo, donde hasta el vigésimo cuarto pelotero podía salir a cubrir los jardines o la segunda base y realizar una jugada clave, y el vigésimo quinto  podía salir de bateador emergente en el cierre del inning doce para dejar en el terreno a los rivales con un toque de squeeze play suicida. Seguro que para ese momento muchos managers habían demostrado ese estilo de dirigir, pero en mi experiencia particular, fue Tim Tolman el manager mediante el cual internalicé, desmenucé molecularmente la trascendencia, la relevancia de tomar en cuenta la presencia del más insignificante de sus peloteros en la nómina, hasta el punto de hacerlo aparecer inesperadamente en la alineación de cualquier juego, cuando me lamentaba y hasta le reclamaba en la distancia que la liga venezolana de beisbol no era para experimentar que había que poner a jugar a los más experimentados, cada siete de diez juegos, Tolman ganaba los juegos a pesar de haber alineado a dos o tres peloteros de la banca, veteranos consagrados o novatos al inicio de sus carreras formaban parte del plan permanente de juego de Tolman.

Sospeché al revisar un artículo del periodista José Alfredo Otero en el portal El Fildeo, por lo general solo se escribe de los managers o peloteros de otras épocas por razones muy puntuales o circunstanciales, aunque Otero no lo indicaba de manera directa, si había muchas señales entre líneas que señalaban un suceso inesperado. El tono de homenaje era muy pronunciado, las líneas del trabajo de Tolman como manager de los Navegantes del Magallanes resultaban muy acentuadas, pronto comprobé lo que sospechaba. Al revisar el portal El Emergente del periodista Ignacio Serrano, leí con escalofrío que Tim Tolman había fallecido luego de un largo extrainning ante el mal de Parkinson. Intenté bajar al dugout de aquellos juegos cuando asistí al estadio de la UCV o el José Pérez Colmenares de Maracay, pero la puerta estaba cerrada, Tolman desarrollaba la regular conversación con todo el equipo, peloteros y cuerpo técnico, él pedía que estuvieran hasta el recoge-bates y el utilero, hasta allá llegaba el concepto de trabajo de equipo de Mr. Tim Tolman. También traté de hablar con Tolman al terminar aquellos juegos y de nuevo la puerta del dugout permanecía cerrada, un silencio arrollador punzaba detrás del metal de la puerta. Ganaran o perdieran, los peloteros sabían que después del juego, sin quitarse siquiera las gorras, habría una reunión para reflexionar sobre los errores en un tono muy profesional cargado de respaldo anímico, quien quisiera podía tomar la palabra y allí mismo disecaban en detalle la anatomía de las jugadas que habían decidido el juego, era un ejercicio muy laborioso, muy cargado de disposición a escuchar y aportar soluciones inmediatas.

Magallanes iba a cumplir quince años sin ganar un campeonato de LVBP. La temporada anterior había aparecido por primera vez en la serie final desde 1979, pero una barrida de las Águilas del Zulia había dejado sabores muy amargos tanto en peloteros, directivos y aficionados. El plan de Alfredo Guadarrama y Juán José Ávila al contratar a Tim Tolman como manager, buscaba reforzar el ánimo, el optimismo, la armonía del equipo desde la óptica de alguien que conociera la liga  y a la vez trabajara con serenidad, perseverancia y mucha comprensión. Muy probablemente todo eso lo apreciaron en Tolman, Guadarrama y Ávila en sus conversaciones con personalidades del mundo beisbolero, principalmente de la organización de los Astros de Houston.

Desde la alineación inaugural de la temporada 1993-94 Tim Tolman dejó saber que trabajaría con los 25 jugadores de su nómina, haberse atrevido a iniciar con José Francisco Malavé en el jardín izquierdo, Edgardo Alfonzo en las paradas cortas y Eddy Díaz en segunda base quizás hizo pensar a muchos que eso solo ocurría mientras llegaban los caballos y después  rara vez saldrían a jugar, el paso de las semanas dejó ver un plan más que ambicioso contínuo y constante, con el cual Tolman estableció la química que trazó el rumbo a fajarse en cada juego hasta el último strike del último out.  Luego también  le dio muchas oportunidades a otros peloteros que iniciaban su camino en el béisbol profesional como Melvin Mora, Oscar Manacho Henriquez y Richard Hildalgo. Aún cuando el equipo tenía en Carlos García y Álvaro Espinoza dos líderes invalorables, Tolman dejó saber desde el principio que lo más importante era el equipo y hasta esos líderes, aun cuando no lo aceptaran, quedaban en la banca al menos cada dos semanas. Con Tolman me disgusté mucho porque casi todos los días tenía al menos un cambio en la alineación. Con él se acabó aquello de que “alineación ganadora no se cambia”. Cada cuatro o cinco días descansaba a Clemente Álvarez y le entregaba los aperos de receptor al novato Raúl Chávez, y este, para sorpresa de muchos  mantenía el nivel defensivo y se defendía muy bien con el madero. Aún cuando Eddy Díaz llegó a apoderarse del cargo de utility, Tolman siguió incluyendo cada cierto tiempo en la alineación al veterano Edgar Naveda, quien en el round robin bateó dos jonrones en victorias ante Cardenales de Lara. A veces los narradores y comentaristas, además de los aficionados se quedaban atónitos porque el manager traía a un pitcher que tenía tiempo sin lanzar como cuando trajo a relevar a Benito Malavé ante Cardenales hacia el final  del round robin y este respondió para ganar el juego 4-2. Cuando todos se asustaban cada vez que Tolman le entregaba la pelota a un novatico como Erick Ojeda, sin ninguna experiencia en la liga para que viniera como relevista intermedio en situaciones críticas, el aplomo y la determinación del pitcher terminó borrando los lamento hasta que hacia finales de la temporada y en la propia serie final ante el  Caracas, Ojeda se convirtió en pieza importante del bull pen. También se las ingenió para incluir en la alineación un bate zurdo como el de Raúl Tucupita Marcano que inclinó la balanza de muchos juegos cerrados hacia el barco magallanero en la temporada regular, round robin y significó en parte la remontada de su equipo cuando Tolman lo incluyó a partir del tercer juego de la serie final como abridor de la alineación.

De aquella temporada 1993-94 guardo algunas imágenes indelebles, la primera un juego entre los eternos rivales en el estadio de la UCV, Juan Carlos Pulido versus Urbano Lugo, si un anticipo del sexto de la final de ese año. Ese juego llegó igualado 1-1 a los innings finales y se decidió con un jonrón de William Magallanes a las gradas del jardín central, aunque aún era temprano en la temporada, aquella manera de jugar de fajarse, de plantarse el equipo en el terreno me hizo pensar que quizás había oportunidad de volver a la serie final. La segunda viene de otra mañana dominical en el estadio José Pérez Colmenares de Maracay, Magallanes perdió ante los Tigres, Tolman salió a la entrada del dugout e igual les daba palmadas a sus jugadores en el hombro mientras decías algunas palabras. Quizás la más imborrable de todas es la del ambiente antes del sexto juego de la final, cuando Tolman reajustó su alineación al traer a Oscar Azocar desde el jardín derecho a la primera base y a Eddy Díaz desde el jardín central a la antesala, para meter a Chris Hatcher como sexto bate y guardabosque derecho y a Melvin Mora como octavo bate y patrullero central, al principio parecían movimientos desesperados de un manager entre la espada y la pared, luego el resultado del juego mostró el gran conocimiento que tenía Tim Tolman del concepto de trabajo de equipo.

Alfonso L. Tusa C. 7 de junio de 2021. ©.



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