Entrar a la pagina web de la Liga Venezolana de Beisbol (LVBP) el sábado, 21 de diciembre de 2019, activó un mecanismo  de máquina cronológica y de pronto escuchaba una voz entre ronca y entusiasta en cada una de las tres ocasiones que hablé con él vía telefónica. Luis Peñalver, el lanzador de tantas oportunidades satisfactorias con los Leones del Caracas, el pitcher ganador del juego decisivo de los Juegos Panamericanos de Chicago en 1959, el cumanés que no perdió una pizca de su gentilicio a pesar de emigrar hacia Caracas cuando tenía 7 años de edad, había fallecido presumiblemente este 20 de diciembre. Revisé mi cuenta Twitter y confirmé la noticia en las publicaciones del historiador Javier González, el narrador deportivo Alfonso Saer y los comunicadores sociales Humberto Acosta y Carlos Abreu. Hacía poco estuve buscando su número telefónico para refrescar algunas de las anécdotas que me había referido en cada una de aquellas llamadas telefónicas.

   “Me fui de Cumaná con mi mamá, cuando tenía 7 años de edad. Salimos en un barco desde Puerto Sucre y cuando íbamos frente a Cabo Codera se desató una tempestad bravísima que nos hizo temer que nos habíamos perdido. Mi mamá me tomó la mano y me dijo que no le bajara la mirada nunca al monstruo…que cuando más difícil era la situación, había que apretar la mirada y salir adelante. Entonces, en medio de aquella niebla, me escurrí hasta la sala de mandos y escuché al capitán decir que ‘no se ve nada…no sé si estamos frente a la costa venezolana o en pleno mar Caribe afuera…’. Cuando regresé con mi mamá, me abrazó muy fuerte y preguntó donde me había metido. Le dije que le estaba mirando el rostro al monstruo y aunque era muy feo, no le bajé la mirada. Me dijo ‘tú si tienes vainas Luisito, me diste un buen susto…menos más que la Virgen del valle me escuchó’, la voz de Luis Peñalver sonaba profunda aquella mañana de septiembre de 2009 cuando lo llamé para hablar de los Juegos Panamericanos de 1959, cuando fue integrante del equipo de beisbol venezolano que ganó la medalla de oro contra todos los pronósticos.

  Para el juego por la medalla aurea de aquellos Panamericanos de 1959, el manager José Antonio Casanova estuvo reflexionando, discutiendo y ponderando sus opciones junto a cuerpo técnico y luego de más de tres cuartos de hora de escuchar y  analizar planteamientos, llamó a Luis Peñalver y le dijo “prepárese porque usted será el pitcher abridor mañana ante los puertorriqueños”. Luego de un momento de silencio, se escuchó un suspiro, luego un carraspeo, finalmente Peñalver esbozó una sonrisa y levantó los brazos como si fuese a iniciar el wind up de levantar el pie izquierdo al más genuino estilo de Juan Marichal, “No se arrepentirá de haberme dado la pelota para abrir este juego. Voy a dar lo mejor de mí”. 

   Ese domingo 6 de septiembre de 1959, Peñalver asumió el reto en Wrigley Field y cumplió lo que había prometido a Casanova, espació media docena de imparables boricuas y lanzó completo, mientras sus compañeros lo respaldaron desde el primer episodio  mediante triple de William Troconis y sencillo de Eduardo Amaya. En el cuarto inning Francisco “La Manca” López descargó cuadrangular para llevar la ventaja a 2-0. Marcaron otra rayita en el quinto mediante dobletes de Domingo Martín Fumero y del propio Peñalver. Troquelaron dos carreras más en el octavo. Peñalver, quien llegó a retirar hasta nueve puertorriqueños en fila, mantuvo inmaculado el plato hasta el cierre del octavo cuando concedió un boleto y permitió doblete a Carlos Nazario. En la apertura del noveno los venezolanos lograron otra anotación para darle algo más de respiro a Peñalver. En el cierre de ese inning Reinaldo Vásquez despachó jonrón, pero Peñalver completó su labor y Venezuela alcanzó la medalla de oro, la única presea de ese metal que ganó la delegación criolla en esos Panamericanos, ante el júbilo de los peloteros y los atletas venezolanos que presenciaban el juego en las tribunas.

  Uno de los relatos donde más comprobé la efusividad cumanesa de Peñalver, fue cuando habló de su salto al beisbol profesional, “firmé con los Indios de Oriente antes de la temporada de 1960-61. Ellos me dieron un bono por una cantidad de dinero del cual me pagaron la mitad al momento de la firma, entonces al final del documento escribí Luis, de inmediato me preguntaron cuanto iba a escribir mi apellido y les contesté ‘cuando ustedes me entreguen la otra parte del bono’. Esa primera temporada participó en 16 juegos, de los cuales completó 3 y relevó en otros 9. Tuvo marca de 2 y 3 en 61 innings lanzados. Permitió 64 imparables, ponchó 42 bateadores, concedió 28 boletos y su efectividad fue de 3.98, nada mal para un novato.

“Compartimos entrenamientos en nuestro primer año en el beisbol organizado (1961) con el equipo Sun Kings de El Paso en la Liga Sophomore Clase D, filial de los Gigantes de San Francisco. Cuando terminamos los entrenamientos primaverales viajamos desde Casa Grande hasta El Paso. El autobús se detuvo frente al hotel, cuando me iba a bajar el manager George Genovese me dijo ‘No Dámaso, aquí solo se quedan los peloteros blancos. Pero no te preocupes esto debes tomarlo como algo que fortalecerá tu carácter’. Luis Peñalver que pudo quedarse en el hotel prefirió quedarse conmigo y los otros peloteros negros y latinos como José Cardenal, Perkins, Chance, Pedroso. Ese gesto nunca lo olvidaré”, Dámaso Blanco rememora uno de los rasgos de la personalidad de Peñalver. Cuando le referí el episodio, Luis respondió: “Fui compañero de Dámaso en el Intendencia Naval, fuimos juntos a clases de inglés animados por el dueño de ese equipo. Después compartimos en los Panamericanos de Chicago en 1959, ¿Cómo lo iba a abandonar en un momento tan duro? Después en esa temporada alquilamos un carro que echaba humo por todos lados y los policías nos paraban en todas las esquinas”.

  Cuando falleció Sparky Anderson lo llamé para preguntarle que recordaba de su manager en los Navegantes del Magallanes en la temporada 1964-65. “Sparky era un manager muy sensible. Siempre estaba pendiente del último de los peloteros. Él mismo fongueaba en la práctica de infield. Cuando me lesioné el codo, él salió al montículo, le dije que no podía lanzar más. Me dio dos palmadas en el hombro y me dijo: ‘Dont’t worry boy. You’re gonna recover from this’. No pudo ganar con Magallanes, pero los peloteros lo respetaban mucho porque él los tomaba en cuenta. Era un gran tipo”.

  En la temporada de 1968 mientras lanzaba para el Dallas-Fort Worth de la Liga de Texas AA, Luis Peñalver abrió el primer juego de una doble tanda efectuada el 26 de mayo ante el Memphis. Solo permitió dos corredores a lo largo del juego. En ambas ocasiones fue el jardinero Ray Foster. Primero por error, luego por boleto. Ganó 3-0 en 7 innings. Concedió un boleto y ponchó 3. Con el madero remolcó una carrera. Había lanzado sin hits ni carreras con lo cual se estableció un record para la Liga de Texas con dos juegos consecutivos para lanzadores de un mismo equipo por cuanto Bob Watkins había lanzado otro no-hitter el 24  de mayo cuando Dallas-Fort Worth venciera 2-0 al Memphis. El 25 de mayo el también venezolano Pablo Torrealba lanzó otro no-hitter de 7 innings para vencer al Salisbury 6-0 mientras lanzaba para el Greenwood en la West Carolinas League. Peñalver se había operado del brazo de lanzar en 1966 por lo cual no lanzó ese año. El manager Hub Kittle dijo que un ajuste en la forma de lanzar la forkball ayudó a que Peñalver lanzara el sin hits ni carreras. “Le dije que lanzara más suave el forkball para que tuviese más control en el pitcheo. Cuando él puede controlar ese envío, con el tipo de wind up que tiene, es muy difícil batearle”.

   Peñalver fue un lanzador muy controlado, lo cual le permitía economizar lanzamientos, aunque ese tipo de lanzadores corre el riesgo de recibir cierta cantidad de jonrones, no todo el mundo le bateaba cuadrangulares porque el acordaba un intrincado plan de lanzamientos que desconcertaba a los toleteros, había que ser un buen bateador  para sacarle la pelota del parque. A través de su trayectoria en LVBP (1516.1 innings) ponchó 748 bateadores y solo concedió 337 boletos, lo cual arroja un radio de ponches/boletos de 2,21.

   Sus mejores actuaciones en LVBP ocurrieron en las temporadas 1969-70 y 1976-77 cuando obtuvo idéntica marca de 9 ganados y 3 derrotas. En la primera oportunidad lanzó en 135.1 innings, con 60 ponches y 13 boletos, más efectividad de 1.40. En la segunda ocasión trabajó en 121.2 innings, con 60 ponches y 22 boletos, la efectividad fue de 2.81.

  Ingresó al Salón de la Fama del beisbol venezolano en 2008 junto a Héctor Benítez Redondo, jardinero central del equipo venezolano ganador del campeonato mundial de beisbol en La Habana, Cuba, en 1941, y también jugó sus primeras 6 temporadas en LVBP con Cervecería Caracas.

  Durante 23 temporadas en LVBP, Peñalver jugó 3 temporadas con Oriente (1960/1963), 1 con Orientales (1963-64), 2 con Magallanes (1964/1966), 15 con Caracas (1966/1975 y 1976/1982), Zulia (1975-1976) y Aragua (1982-1983). Participó en 384 juegos (segundo en LVBP hasta 2006), logró 45 juegos completos (quinto en LVBP), 84 victorias (tercero en LVBP hasta 2006) , 70 derrotas (tercero en LVBP hasta 2006), 24 juegos salvados, 1516.1 innings lanzados (segundo en LVBP hasta 2006), 1615 imparables permitidos, 748 ponches (cuarto en LVBP hasta 2006), 337 boletos (décimo en LVBP hasta 2006) y 3.13 de efectividad.

  Luis Antonio Peñalver nació en Cumaná. Sucre. Venezuela, el 20 de noviembre de 1941. Falleció en Caracas, el 20 de diciembre de 2019. De acuerdo a  información publicada en el blog El Emergente del periodista Ignacio Serrano, la causa del deceso fue cáncer de páncreas.

   Alfonso L. Tusa C., publicado en mi muro de Facebook el 23 de diciembre de 2019.

Referencias

__Daniel Gutiérrez, Efraim Álvarez, Daniel Gutierrez (h). La Enciclopedia del Beisbol en Venezuela. Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Caracas 2006.

__baseball-reference.com

__Alfonso Tusa. Pensando en Ti Venezuela. Una Biografía de Dámaso Blanco. Caracas. 2011. Pp 64.

__Lloyd Johnson & Miles Wolff. The Enciclopedy of Minor League Baseball. Second Edition. Baseball America Inc. Durham, North Carolina. 1997. Pp. 503.






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