Un rumor de sintonizador de emisoras de radio ampliaba el gradiente de interferencias que se confundía con una conversación atropellada de mis hermanos en la penumbra de nuestra habitación. Desde que me enteré que el 23 de septiembre de 2014 ocurriría el acto de exaltación al Salón de la Fama del Béisbol Venezolano donde inmortalizarían al “Periodista Viajero”: Juan Vené y al “Guante Mágico” de la tercera base: Dámaso Blanco, empezó un desfile de momentos especiales de la infancia y la adolescencia.

 Varias noches de 1968, 1969 y 1970; me acostaba en mi cama y el transistor de Felipe proyectaba un diamante beisbolero sobre la platabanda. Por lo general me dormía a eso de las 10 p.m.  En muchas ocasiones  me despertaron los sobresaltos de Felipe y Jesús Mario, a veces porque perdía Magallanes, a veces por un jonrón de Clarence Gaston, pero la vez que hicieron más ruido fue cuando alguien  bateó un roletazo invisible sobre la raya de tercera base. La voz de Delio Amado León retumbaba en la habitación, “…es inconcebible el tipo de atrapada que ha ejecutado Dámaso Blanco… jugaba adelantado y ha tenido los reflejos y el fondo físico para lanzarse hacia atrás y decapitar un batazo que llevaba etiqueta de doble. Por si fuera poco, lanzó desde el suelo un strike al mascotín de Joe Rudi.

 Los mediodías de inicios de octubre de 1971, mamá me iba a buscar al pasillo trasero de la casa. Me subía a las ramas del limonero para sintonizar el: “Saludos fanáticos, el deporte vuelve a unirnos…” Apenas podía escuchar el primer out de los juegos de play off entre los Gigantes de San Francisco y los Piratas de Pittsburgh. “¡Baja ya de ahí que es la 1:05 de la tarde y vas a perder la clase!…”

 Cuando me acercaba a la entrada del museo, volví a escuchar la voz de Juan Vené en un banco de la Plaza Montes de Cumanacoa. Sucre. Venezuela. Ilustraba emocionado un jonrón de Johnny Bench para empatar a Cincinnati con Pittsburgh en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 1972. “Si seeeñor…Juancito Banco ha puesto el estadio como un manicomio…”

 Desde un mediodía cumanés de enero de 1973, llegaron imágenes televisivas de un noveno inning de playoff semifinal Caracas – La Guaira. Dámaso Blanco reforzaba a los Tiburones. Víctor Davalillo abría el inning y de nuevo Dámaso leyó sus intenciones para venir a escasos metros del plato y tomar el toque magistral de Vitico, luego metió un riflazo para hacerlo out en el salto, aún siento los erizos de ese momento.

 Al ver a Juan Vené compartir con Dámaso Blanco la tarima del Salón de la Fama, algo en mi interior emitió un sonido metálico que recogió algunas de mis memorias más entrañables, de pronto veía juntos a dos de mis amigos imaginarios de la infancia.

 Alfonso L. Tusa C.




 

 



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