Real Madrid y Barcelona se verán las caras una vez más, aunque es la primera en la que el público no estará alentando a nadie desde la grada, sobre todo en el Camp Nou, terreno culé que se acostumbró a ver a su máximo rival destruido en cada visita gracias, en gran parte, a un Lionel Messi que hoy, será visto con lupa.

Ambos equipos perdieron el invicto en la jornada previa de liga ante Cádiz y Getafe, marcador de 1-0 en los dos compromisos y ahora, en busca de poner la primera barrera de distancia, no hay mañana para ninguna de las dos escuadras que llegan en medio de distintas turbulencias y problemas.

Barcelona

Si bien el público es la mejor noticia ara un equipo en este tipo de partidos, para el Barcelona no es del todo negativo que no haya presencia en las tribunas esta vez, ya que la imagen del club no es precisamente la mejor y todavía el 8-2 está fresco en la memoria del aficionado azulgrana, que toma cada partido como un examen.

Aunque renovaron a Ter Stegen, Piqué, De Jong y Lenglet, el burofax de Messi no se termina de solucionar, a pocos meses de enero todavía no hay noticias sobre la continuidad del argentino en el club y una vez arranque el 2021, tendrá permiso de negociar con cualquier equipo del mundo y según sus planes y la información que existe hasta ahora, quiere competir en Champions. Incluso contra el Barcelona.

Pero no todo sucede en el vestuario. En las oficinas también respiran con alivio que el público no se haga presente en el Camp Nou ya que la moción de censura y la debacle del club siguen en el aire, algo que Bartomeu sabe que sería respondido con pañuelos blancos. Fichaje frustrado de Depay, Lautaro y Eric García, salidas casi gratis de Suárez, Vidal y Rakitic, son una bomba de tiempo para el Barcelona.

Pero en medio de la tormenta, Ronald Koeman devolvió al equipo la firmeza y disciplina que se extrañaba, aunque siguen presentes algunos huecos y ante la exigencia, los fallos de muchos son cada vez más notorios. También la irrupción de Pedri, Trincao y sobre todo Ansu Fati, devuelven la ilusión a una fanaticada que se acostumbró a celebrar títulos constantemente.

Real Madrid

Que el Barcelona llegue convulso al clásico no significa que el Real Madrid esté para tirar cohetes. En el seno del equipo blanco hay temor sobre lo que pueda pasar en este juego y en consecuencia, lo que suceda con Zidane, ídolo del equipo como jugador y también como técnico, con tres Champions seguidas.

Desde la salida de Cristiano Ronaldo no hay indicios de una estrella rutilante en el conjunto merengue. Intentaron tapar la herida con el fichaje de Hazard y lejos de lo mucho que el belga puede ofrecer, una lesión le mermó en el momento en el que comenzaba a mostrar su verdadera calidad y desde entonces, no pudo levantar el nivel.

La derrota ante el Cádiz fue el aviso de lo que sucedería días después en Champions, contra el Shaktar Donetsk que llegó a España con ocho bajas, seis de ellas del equipo titular. 45 minutos para el olvido en el Alfredo Di Stefano dejaron muy tocado al equipo pese a un segundo tiempo en el que salieron a tope, pero insuficiente para empatar el juego.

La salida de James puso en duda la capacidad de Zidane como técnico ante el gran nivel del colombiano en el Everton, sabiendo que es su primera campaña en Inglaterra y la diferencia con el fútbol español es notoria e inmensa. Que se trate de un asunto netamente personal o gustos individuales, deja en dudas al estratega.

Bale entra en el mismo punto y también Jovic, que ahora enfrenta la posibilidad de ir a la cárcel seis meses por saltarse el protocolo de seguridad por Covid. Marcelo cada vez más lejos del nivel que tuvo los últimos 10 años y una plantilla que sin Sergio Ramos, poco ofrece en actitud. Isco no parece un jugador de élite y solo Courtois está a nivel galáctico.

El único punto positivo puede ser que estas situaciones son las que han marcado la trayectoria de Zidane en el Real Madrid y vaya que de éxitos puede presumir. Remontó al Wolfsburgo apenas llegó y cada año, los puntos grises sirven de empujón para levantar a un equipo que al terminar la 19/20, ganaba un título cada 19 partidos con el francés dirigiendo.

La mesa está servida para dos colosos en horas bajas que sin lugar a dudas, saldrán más que a ganar, a destruir por completo a su rival, ya que estos tres puntos pueden ser vitales y un golpe anímico de verdad para cualquiera de las dos plantillas.


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