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LIGA VENEZOLANA (LVBP)

Herman Hill en el Jardín Izquierdo de Guaicamacuto y Mark Weems en el Montículo de Patanemo

Dos peloteros ahogados en el mar, dos puñaladas muy profundas en el alma del mundo beisbolero, dos decesos. Eso fue muy duro para un muchacho de 15 años de edad. Claro, a esa edad los muchachos están inmersos en su mundo particular de muchachas, las aventuras propias de descubrir las maravillas naturales, y las bromas con los amigos. Pero Miklos siempre guardaba un espacio sagrado para el beisbol,  sin importar que nunca llegó a practicar el juego para un equipo organizado. Era más que una simple diversión. Podía pasar horas apreciando sus barajitas de beisbol o escuchando dos o tres juegos una tarde sabatina. Silvia tenía que cortar la electricidad en toda la casa para sacarlo de su habitación a almorzar.

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  • LA TRIPLE CORONA DE PITCHEO DE BART JOHNSON EN LVBP
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       Cuando Herman Hill falleció el 14 de diciembre de 1970, Miklos pasó dos o tres días sin hacer una comida formal. No podía creer que veloz jardinero que volaba en las bases, el que había venido como ráfaga de viento para atrapar en elevado en foul detrás de tercera base y luego se le había caído la pelota en el último segundo, no iba a estar más nunca en la alineación del Magallanes ni de ningún equipo. Miklos llegó a odiar irremisiblemente la playa de Guaicamacuto. Le preguntó a su padre como las autoridades podían haber permitido a las personar bañarse en ese tipo de playas peligrosas. No quería saber nada del estado Carabobo, ni de la ciudad de Valencia. Hasta deseó que los Navegantes del Magallanes no se hubieran adoptado nunca a Valencia como su sede. “Esto nunca habría ocurrido en Caracas. Las playas de La Guaira no son tan peligrosas”.

       El 1 de enero de 1974, Miklos tenía 18 años de edad. Cuando se enteró de la noticia de Mark Weems, estuvo paralizado por más de diez minutos. No pronunció una palabra en la próxima media hora. Silvia reclamó que no podía tratar de esa manera a Martha ni a Pedro, ni a Pablo. Ella había sido su novia por más de tres años y los muchachos habían sido sus amigos desde la niñez. “¿Qué pasa contigo? ¿Estás loco?”

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       Miklos se encerró en su habitación los próximos tres días. Solo salía a comer y apenas si asistía a las clases de secundaria. Había sido demasiado para él. Ahora era ese magnífico relevista del estilo de pitcheo poco ortodoxo. Mark Weems se había ahogado en la sección de Patanemo en la costa carabobeña. Esa una playa aun más oceánica. Entonces fue que Miklos decidió que iba a estudiar geografía, quería especializarse en geografía oceánica.

       Al final, Miklos terminó estudiando comunicación social, en parte porque Miguel le había explicado que esa era la forma como podía tener un trabajo en el cual podría estar en contacto con el beisbol cada día, cada segundo, y además podría tener un buen entorno para desarrollar su amor por la escritura.

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       “Está bien papá, estudiaré comunicación social, pero seguiré investigando acerca del mar”. Miklos hasta viajó muchas veces a la ciudad de Cumaná, al Instituto Oceanográfico de la Universidad de Oriente. Ahí encontró aspectos generales de las playas oceánicas y detalles específicos de las playas de la costa carabobeña. Ese tipo de playa era diferente de las protegidas por cabos, islas, o penínsulas como era el caso de las playas de Cumaná.

       A través de sus estudios de comunicación social en la universidad y en sus investigaciones sobre geografía oceánica en varias bibliotecas, institutos; mientras hojeaba cada libro o revista especializada que llegaba a sus manos, Miklos no podía dejar de pensar en Herman Hill y Mark Weems. ¿Cómo hubiera terminado el equipo Magallanes las temporadas 1970-71 y 1973-74? Hill había ido a jugar a Venezuela por recomendación de Jim Holt, un jardinero que había tenido una gran temporada con Magallanes el año anterior. Weems era considerado uno de los mejores prospectos de la organización de los Orioles de Baltimore, había venido a Venezuela solo porque el manager de los Navegantes del Magallanes iba a ser Jim Frey.

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       Hill había jugado con los Bears de Denver en la American Association League AAA en 1969. Allí participó en 135 juegos, tomó 560 turnos al bate, anotó 90 carreras, 168 imparables, 21 dobles, 8 triples, 6 jonrones, 49 carreras impulsadas, 31 bases robadas; su promedio de bateo: .300. Jugó para los Mellizos de Minnesota en las temporadas de 1969 y 1970. En la última apareció en 27 juegos, 22 turnos al bate, 8 carreras, 2 imparables.

       La mayoría de las noches, cuando visitaba la biblioteca universitaria o la pública, Miklos seguía pensando, imaginando, leyendo, escribiendo y dibujando mucho acerca de las playas oceánicas, las corrientes marinas, el campó magnético de La Tierra creado por el movimiento de rotación. Hasta encontró un mapa de la costa completa del estado de Carabobo. Ahí estaban todos los detalles de cómo el lecho marino variaba su nivel desde la costa hasta mar abierto. Por supuesto, Miklos se concentró más en Guaicamacuto y Patanemo. Se petrificó mientras movía los dedos sobre el mapa. Era inevitable ver las imágenes de Mark Weems ejecutando sus movimientos heterodoxos sobre el montículo y a Herman Hill desplazándose sobre la grama del jardín izquierdo para atrapar un linietazo entre dos.

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        Guaicamacuto tenía un fondo muy plano y poco profundo, como una sabana, en los primeros doscientos metros. Entonces el fondo del mar empezaba a decrecer gradualmente hasta un punto cuando la pendiente bajaba hasta muy profundo en el océano. Tal vez esa característica distraía a los visitantes nuevos de la playa quienes se sorprendían por esa prolongada pendiente. Las olas rompían regularmente fuerte, especialmente en la tarde cuando podían crecer hasta tres o cuatro metros. Eso es normal para una playa oceánica. Sin ninguna península o cabo frente a ella.

       Quizás Weems fue a la liga invernal venezolana para ajustar su transición de pitcher abridor a relevista. En 1973 jugó para los Alas Rojas de Rochester en la International League AAA. 39 juegos. Uno completo. 9 triunfos. 7 derrotas. 92 innings lanzados. 83 imparables permitidos. 40 carreras limpias permitidas. 57 ponches. 57 boletos. 3.91 de efectividad. Hasta había jugado con los Orioles en el entrenamiento primaveral y compartió las prácticas con lanzadores como Jim Palmer, Miguel Cuellar, Dave McNally, Wayne Garland, y Mickey Scott. Garland también fue compañero de Weems con los Navegantes del Magallanes aquella temporada 1973-74, y también regresó las próximas dos temporadas a jugar con Magallanes. Scott jugó con las Águilas del Zulia desde 1971 hasta 1975 y luego regresó para la campaña 1976-77.

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      Cuando el dedo índice derecho de Miklos se detuvo en la localidad de Patanemo en el mapa, Miklos se levantó y miró el punto ubicado en el extremo más occidental de la costa carabobeña. Era una de las playas oceánicas más abiertas de esa costa. No tenía ninguna isla al frente como tal vez otros sitios. Había una estrecha zona de fondo poco profundo, entonces aparecía una pendiente violenta y el mar se hacía profundo. Tal vez esa fue la razón por la cual Miklos leyó que Patanemo era una playa donde muchas tortugas iban a desovar. Miklos tomó una regla y empezó a temblar cuando leyó la diferencia de nivel entre el fondo poco profundo de los primeros siete metros al avanzar en el mar, y el lecho marino luego de la pendiente.

        Hasta aquel 14 de diciembre de 1970, Herman Hill había participado en 36 juegos, 131 turnos al bate, 23 carreras anotadas, 33 imparables, 5 dobles, 1 triple, 1 jonrón, 9 carreras empujadas, 19 boletos, 29 ponches, 7 bases robadas. Promedio de bateo: .252. Miklos siempre se preguntaba porque si Hill era tan rápido tenía solo 7 bases robadas. Entonces en uno de sus intentos de investigación, encontró una entrevista del manager de los Navegantes del Magallanes, quien dijo que Hill era muy vigilado por los pitchers y cátchers rivales, hasta causaba algunos errores, y lo que debía ser un robo de base terminaba como avance por error. Tal vez otra razón era que detrás de Hill en la alineación, el equipo tenía grandes bateadores como Cito Gaston, Jim Holt y Hal King.

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       Miklos había decidido que su tesis de grado iba a ser sobre Herman Hill, Mark Weems y las playas de Guaicamacuto y Patanemo. Así que desde su primer semestre en la escuela de periodismo, empezó a coleccionar o hacer copias de libros, revistas, periódicos, relacionados con el tema. Miguel le dijo que se lo tomara con calma, que eso era solo una tesis de grado, no un libro especializado.

       Después de muchas conversaciones y consultas, Miklos programó un viaje hacia la costa del estado Carabobo. Fue my difícil para él encontrar personas que hubiesen vivido de cerca aquellos acontecimientos. En Guaicamacuto tuvo que rastrear cuidadosamente todo el lugar. Finalmente, encontró a un viejo que accedió a mostrarle el lugar donde Herman Hill y sus amigos dejaron sus pertenencias en la arena y fueron hacia el mar. “Estaba llegando a mi casa después de reparar algunas fisuras en el costado izquierdo de mi bote”, dijo el viejo. “Oi varios gritos en inglés a la distancia. Cuando noté que los gritos de aquellos hombres duraron más de diez minutos, fui hacia la costa y ellos me dijeron lo que había ocurrido. Estaban desesperados, casi llorando. Entré al mar y nadé por más de veinte minutos en todas las direcciones que me dijeron. Pero todo lo que encontré fue olas que rompían muy duro”.

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       Justo cuando Miklos pensaba que en Patanemo no tendría oportunidad de hablar con alguien que supiera de la inmersión, una pandilla de alrededor siete niños apareció de la nada. Miklos estaba siguiendo las huellas de las tortugas en la arena. Uno de los niños le dijo que ellos sabían del hombre catire y barbudo que se había ahogado allí hacía mucho tiempo. El niño se disgustó cuando notó que Miklos no le creía. “Por supuesto que sé de eso. Mi abuelo y mi papá y sus amigos siempre han hablado de eso. Es uno de los primeros temas de que hablan cada vez que se reúnen. He llegado a memorizar el episodio paso a paso, todo lo que ocurrió aquella mañana. Los tipos, los peloteros estaban justo ahí donde usted está parado, y de pronto el catire se metió en el mar y los otros empezaron a llamarlo en voz alta. Fueron hasta la casa de mi abuelo y él y sus amigos sacaron sus botes y empezaron a buscar en todas partes del mar por más de una hora”. Miklos notó que la voz del niño era temblorosa, sus ojos estaban casi arrasados en lágrimas. “Abuelo dice que no pudo dormir durante la noche hasta que los rescatistas encontraron el cuerpo de Mark Weems. Era un seguidor muy apasionado de los Navegantes del Magallanes”.

         Hasta aquel primero de enero de 1974, Mark Weems había participado en26 juegos, 25 como relevista, 2 triunfos, 1 derrota, 11 salvamentos, 38.1 innings lanzados, 26 imparables permitidos, 14 carreras limpias, 34 ponches, 33 boletos, 3.29 de efectividad. Aunque no pitcheó más, terminó esa temporada igualado con el relevista cubano Carlos Alfonzo como líderes de la liga en salvamentos.

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       “¿Qué más quieres? La tésis está más que completa. Pienso que estás exagerando”. Miguel se molestó cuando Miklos le dijo que todavía necesitaba otras entrevistas con algun compañero de equipo de Herman Hill y Mark Weems.

        El próximo septiembre, cuando los Navegantes del Magallanes iniciaron su campamento de entrenamientos para la nueva temporada de beisbol, Miklos fue al estadio José Bernardo Pérez de Valencia. Preparó toda la logística, los costos de los pasajes, el dinero para las comidas, las preguntas que haría, el momento cuando saldría hacia el terminal de pasajeros.

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       En el estadio, Miklos conoció a Gregorio Machado, ahora coach de banca del equipo, a finales de los años 1960s y comienzos de los ‘70s él solía ser pitcher relevista. “Claro que conocí a Herman Hill y a Mark Weems. Aquel lunes de diciembre se suponía que íbamos a viajar a Maracaibo para empezar una serie en la carretera que empezaría el martes. Habíamos hablado el sábado de la posibilidad de ir a Maicao en el bus del equipo, pero no recuerdo por cual razón ese viaje fue cancelado. Ese lunes era día de pago y fuimos a las oficinas del equipo para cobrar. Ahí nos encontramos con todos esos peloteros. Almorzaron en un restaurant cercano, allí fue que planearon ir a la playa. El grupo lo conformaba Dale Speiers, John Morris, Ray Fosse, y Herman Hill. Recuerdo que Morris perdió algunos dientes porque dijo que había agarrado a Hill y forcejeó hasta lo último por sacarlo. Cuando Hill entró al mar, y empezó a pedir auxilio a gritos, Morris lo fue a socorrer y lo tomó por los brazos, pero Hill se le resbaló de las manos. Por eso Morris se culpaba. De acuerdo a la autopsia, Hill sufrió un infarto, esa fue la razón de los gritos de auxilio. Sus compañeros de equipo estadounidenses dijeron que Hill había sido campeón de natación. De hecho, cuando lo encontraron tenía la postura clásica del nadador. Su cuerpo apareció tres días después. No jugamos un solo juego durante ese período. Fui dos veces a ver el cuerpo de Herman Hill en la medicatura de Puerto Cabello. Una semana antes Hill había recibido a su novia, una hermosa mujer blanca que vino desde Estados Unidos. Jim Holt hizo los trámites para llevar el cuerpo a Estados Unidos y entregarlo a sus padres. Una tarea muy dura y dolorosa”.

        Machado pidió un respiro. “Esos fueron momentos muy dificiles para mí, todavía me dan escalofríos cuando los recuerdo. Y ahora usted quiere que le hable de Mark Weems. Eso es demasiado. Déjeme agarrar aire”.

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      Todo lo que Machado recordaba de aquel 1 de enero de 1974, era que aquella era una decisión que Wayne Garland, Bob Bailor, Don Hood, y Mark Weems debieron haber tomado en 31 e diciembre o temprano en la mañana del día de año nuevo. “Quizás había muy pocas personas en la playa y no obtuvieron información suficiente acerca del mar. Lo qu escuché fue que tan pronto como Weems entró al mar desapareció. Fue derribado por las fuertes corrientes marinas o submarinas propias de ese lugar porque esa una playa oceánica, no hay ninguna isla, ni arrecife, ni nada que neutralice esas corrientes y las consecuentes olas rompientes. De nuevo, no volvimos a jugar hasta que encontraron el cuerpo”.

       Miklos no sabía como terminar su tesis. Quería dibujar como pudo haber sido el final de la temporada si Hill y Weems hubiesen estado vivos. Tal vez con Hill en la alineación, Magallanes habría terminado ganando el campeonato que perdieron en siete juegos ante los Tiburones de La Guaira. Tal vez  Weems habría terminado la temporada regular con 18 juegos salvados y ese hecho habría contribuído a conseguir un puesto en el playoff.

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       Pero él sabía que el dolor por la desaparición de Herman Hill y Mark Weems era tan grande que todavía son recordados en el equipo Magallanes, la ciudad de Valencia y la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP).

    Alfonso L. Tusa C.

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