El jardinero J.D. Martínez llegó a los Red Sox de Boston hace casi una década como un refugiado de tres organizaciones distintas. Astros, Tigres, Diamondbacks: su carrera fue un peregrinaje hasta que en 2018 encontró estabilidad en Fenway Park. Ahora, a los 35 años y con una temporada 2022 que no cumplió expectativas, ese refugio se desmorona. Martínez es agente libre al cierre de la campaña y Boston no lo cambió en la fecha límite, una señal inequívoca de que su futuro en la organización es incierto.
Una temporada que no fue
Las cifras no mienten. Aunque el inicio de temporada fue respetable —previo al Juego de Estrellas sus números andaban bien—, Martínez terminará 2022 bajo el estigma de “mala temporada”. Sus promedios bajaron sin recuperación visible, y a pesar de ser querido en Boston, la realidad del negocio es cruda: un jardinero de su edad con números en declive no es prioridad para el futuro.
Martínez es consciente de esto. En una aparición en el podcast “The Bradfo Sho” con Rob Bradford de WEEI, el pelotero fue directo: “Definitivamente, se me ha pasado por la cabeza si voy a volver aquí o si voy a estar en otro lugar. Pero es una de esas cosas que es parte del juego y es lo que es”.
El aprendizaje de envejecer en las Grandes Ligas
Lo que distingue a Martínez no es resignación, sino pragmatismo. A diferencia de muchos peloteros que niegan el paso del tiempo, él lo enfrenta de frente. Y lo más revelador de su discurso no fue hablar de números o de equipos, sino de su cuerpo.
“Creo que tengo un muy buen plan de lo que quiero trabajar y las cosas que quiero hacer en la temporada baja que me emocionan mucho”, explicó. “La preparación ahora es diferente de lo que solía ser, para mí, solo por mi edad, mi cuerpo y cómo necesito preparar mi cuerpo. Ciertas cosas que tienes que encender. Tener que aprender a activar ciertos sistemas que cuando eres más joven nunca tienes que hacer”.
Es una reflexión poco común en un jugador de élite: el reconocimiento de que su cuerpo no es una máquina que puede desafiarse indefinidamente. A los 35 años, Martínez ha aprendido que la preparación física requiere un enfoque distinto, más inteligente. Menos improvisación, más ciencia. Menos volumen, más precisión.
Un legado que aún tiene peso
Antes de que 2022 se convirtiera en un interrogante, Martínez ya había escrito capítulos notables en su carrera. Cinco selecciones al Juego de Estrellas, tres Bates de Plata, y una sortija de Campeón de Serie Mundial ganada en 2018 con Boston. No es un pelotero que llega a la agencia libre sin credenciales.
Lo que enfrenta ahora es el dilema de todo veterano en este punto: ¿puede un cambio de escenario, una nueva organización, una última reinvención, revitalizar lo que la edad y una mala temporada han opacado? Algunos equipos aún apostarán a que sí. Otros verán el riesgo como demasiado alto.
Lo cierto es que Martínez no es de esos jugadores que huye del cambio. Ha sido cambiado tres veces en su carrera y cada vez encontró la forma de seguir compitiendo. Su apertura mental, su disposición a aprender nuevas formas de prepararse, sugiere que su próximo capítulo podría no ser el epílogo. Pero primero, tendrá que convencer al mercado de que el jugador que ven en el espejo no es el que dejó en el terreno durante 2022.


