Miguel Rojas lleva semanas jugando con una lesión en la espinilla que nadie veía desde afuera. El infielder de los Dodgers reveló que el dolor viene desde la serie contra Pittsburgh, pero aguantó en silencio hasta que el momento lo obligó a tomar una decisión: salir del juego para no poner en riesgo el juego perfecto de su equipo.
Lesionado y callado desde Pittsburgh
Rojas no hizo un anuncio dramático ni buscó crédito. Solo explicó lo que pasó: la espinilla viene molestándolo desde la serie contra Pittsburgh, y aun así siguió tomando sus turnos, alineando en el campo corto y compitiendo como si nada. Es el tipo de información que los equipos prefieren no publicitar y los peloteros prefieren no mencionar — pero él lo dijo.
No es raro en el béisbol que los jugadores carguen con dolores que no aparecen en ningún lineup card. Lo que sí es menos común es que un jugador explique en público por qué decidió salir, y que la razón no tenga nada que ver con él.
La decisión que define el carácter
Cuando Rojas salió del juego, el marcador guardaba intacta la posibilidad de un juego perfecto para el lanzador de turno. Él lo sabía. Y en ese momento, con la espinilla cargada de días, eligió no ser el factor que lo echara a perder.
Eso no es solo profesionalismo — es leer el partido más allá de uno mismo. Los equipos que ganan en octubre no son los que tienen los mejores números individuales en junio; son los que tienen jugadores capaces de tomar esa decisión, en ese momento, sin que nadie se los pida. Rojas lo hizo solo.
Lo que queda ahora es la pregunta lógica: cuántos días más puede aguantar con esa espinilla, si necesita IL o si los Dodgers decidirán darle descanso antes de que la lesión escale.


