La visita de los Los Angeles Dodgers a la Casa Blanca, tras coronarse Campeones Mundiales de la MLB, tuvo un momento que dejó a más de uno rascándose la cabeza (y a uno que a otro riéndose a carcajadas). Entre los saludos y elogios de Donald Trump al equipo, el encuentro con Mookie Betts, estrella indiscutible de los Dodgers, se tiñó de un aire incómodo que no pasó desapercibido.
Mookie Betts no lucía tan cómodo de ver al presidente Donald Trump
Trump, fiel a su estilo espontáneo, no dejó pasar la oportunidad de hablar sobre Betts. “Mookie. Ese tipo sí que juega, ¿verdad? Increíble. No quiero decir que lo vi en Boston, pero lo hice. No me pareció un gran cambio en su momento, y resultó que tenía razón”, soltó el presidente con una mezcla de halago y autocomplacencia, refiriéndose al traspaso de Betts de los Red Sox a los Dodgers en 2020.
“Mookie. That guy can play, can’t he? I mean, unbelievable. I don’t want to say I watched him on Boston, but I did. I didn’t think that was a particularly good trade when they made it, and I happened to be right.” – Donald Trump knew pic.twitter.com/0XCmuBzMCg
— Awful Announcing (@awfulannouncing) April 7, 2025
El comentario, aunque pretendía ser un cumplido, resonó raro en el aire, sobre todo considerando la historia de Betts con estas visitas. Y es que Betts no es nuevo en este escenario. En 2019, cuando jugaba para Boston, decidió no asistir a la Casa Blanca con Trump tras ganar la Serie Mundial, una elección que también compartió su entonces manager Alex Cora.
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Años después, con los Dodgers y bajo la presidencia de Joe Biden en 2020, sí acudió. Esta vez, Betts había confirmado días antes que iría con el equipo, insistiendo en que no era algo político, sino un homenaje a lo logrado por los Dodgers en 2024. “No quiero que esto sea sobre mí, sino sobre el equipo”, dijo.
Pero cuando Trump soltó su comentario, la tensión flotó por un instante. Betts, con su habitual calma, no respondió directamente, dejando que el momento se disipara entre las risas nerviosas del resto. Fue un choque entre la fanfarronería de Trump y la intención de Betts de mantener el foco en sus compañeros, un recordatorio de cómo pasado y presente pueden cruzarse de forma inesperada en la Casa Blanca.

